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Tan solo décadas atrás, nuestra mayor deliberación con respecto a la comida tenía que ver con aspectos tales como, si la lechuga era fresca o el pollo no era muy gordo. Pero de la mano de la tecnología nos enfrentamos a un nuevo conflicto, que avanzó sobre nuestra cotidianeidad, alertándonos e instaurándonos esa cara de desconfianza a lo que no entendemos, pero ¨parece que no es bueno¨.
Nos explicaron que debíamos agradecérselo a la ingeniería genética. ¿La qué? pensamos, pero no lo expresamos abiertamente, no sea cosa que nos crean ignorantes. Con el tiempo nos fuimos enterando que consistía en la transferencia de un gen específico entre un organismo y otro. Así nacieron ¨la hibridación¨, que consiste en la mezcla de miles de genes, la mayoría desconocidos. ¨El bombardeo de las plantas con radiación o su exposición a químicos¨ para inducir mutaciones al azar, con la esperanza de encontrar una que se considere deseable. Por nombrar algunas.
Grupos ecologistas entre otros, salieron a la palestra a ponernos sobre aviso sobre los riesgos. Y hasta grupos de científicos admitieron que los procesos conllevaban ciertos riesgos no saludables, en el producto final.
Pues, días atrás, exactamente el 27 de julio, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, presentó un documento mediante el cual afirman que los transgénicos, son tan seguros como los cultivos producidos por otras técnicas. ¨Lo que importa es el producto y no el método empleado para fabricarlo¨ declararon, con la anuencia de investigadores del resto del mundo incluidos los nuestros.
Investigadores del Conicet han explicado que ¨todos los riesgos que pudieran tener los alimentos derivados de transgénicos son mensurables con la tecnología de la que disponemos actualmente. Cualquier riesgo que exista es evitable¨…
Estados Unidos y Argentina son los países líderes en producción, con la mayor cantidad de hectáreas cultivadas con transgénicos.
Mientras tanto, aquí estamos comiendo sin saber muy bien que. Renegando como habito pero empujados por la manada, pues quizás tengan razón.
Al mismo tiempo, otras estadísticas nos recuerdan que mal comemos y que desequilibrada que esta la distribución de la riqueza en nuestro país con un recuento de un niño desnutrido cada 93 obesos.
Quizás crean que estoy mezclando las cosas, y puede ser. Pero solo pensaba que si alguna vez la biotecnología, los hallazgos científicos, la búsqueda de regulaciones y de facilitadores para los avances en general, se aplicarán con un criterio de equidad y en busca de solucionar problemas que crecen como la gramilla. Si será posible que alguna vez, las virtudes se midan por la posibilidad de solucionar problemas como el hambre y no por las ganancias siderales de la industria, de la que solo disfrutan unos pocos.



