Esta pandemia globalizada que nos está azotando como un inusitado vendaval nos está mostrando, como sucede en las grandes calamidades, la mejor y también la peor cara de los distintos sectores de nuestra sociedad. Por un lado vemos las permanentes muestras de solidaridad de los humildes y el egoísmo de los que más tienen. Cómo sabemos el gobierno dispuso destinar una enorme cantidad de dinero al programa Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) para subsidiar el 50% de los sueldos de los trabajadores de aquellas empresas que por efectos de la pandemia les sea extremadamente dificultoso pagarlos. Quizás por aquello de que toda crisis brinda una oportunidad, poderosos grupos económicos, entre ellos el grupo Techint, solicitaron y obtuvieron el mencionado subsidio porque se sabe que sólo están en desacuerdo de aquellos aportes del estado destinados a los pobres.
Cuando el gobierno se dio cuenta de que esto iba a contramano de la política que repite sin cesar les impuso después de haberlo pagado nuevos requisitos tales como la prohibición de distribuir utilidades, la obligación de no recomprar acciones y la prohibición de realizar operaciones de adquisición de dólar bolsa o contado con liqui. Ante estos condicionamientos que no estaban dispuestos a aceptar muchos devolvieron el subsidio demostrando que no lo necesitan más, tienen de sobra. Es decir que no lo devolvieron por una cuestión moral para que sea utilizado para alguien que realmente lo necesita porque la está pasando verdaderamente mal, sino por pura conveniencia. En estos casos la culpa fue del chancho y de quién le da de comer.
La diva del teléfono y acérrima defensora de esos sectores Susana Giménez recomendó sin ponerse colorada: "Hay que ser más egoísta". No hacía falta que aclare lo que está clarísimo.
Ahora que se empieza a delinear la Argentina pos pandemia es vital tener en cuenta que nivel de compromiso social se puede esperar de estos grupos concentrados de nuestra economía. No aflojan ni con pandemia.
A raíz del asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía de Minneapolis en Estados Unidos hemos visto en diferentes medios de comunicación plausibles manifestaciones en contra de un racismo que perdura en la pretendida democracia yanqui desde el inicio de su historia y que hoy también alcanza a los inmigrantes en especial a los latinoamericanos.
Cansados de tantas injusticias y tanta desigualdad miles de norteamericanos salieron a protestar en casi todas las ciudades de aquel país y obtuvieron como respuesta del gobierno que se los calificara de terroristas, impusieran el toque de queda y se los amenace con represión militar. ¿Será que Patricia Bullrich es la ministra de seguridad de Donald Trump o que están camino a ser Venezuela?
Al mismo tiempo no se dio tanta prensa, en realidad casi ninguna, al atroz ataque en Chaco a una familia quom por parte de un grupo de la policía de esa provincia quienes la rociaron con alcohol y la amenazaron con que iban a matar a sus integrantes.
Nos debe preocupar que no se repudie de igual manera a la impresionante discriminación que existe en nuestro país de inmigrantes y de las diferentes etnias que habitan estas pampas desde antes que llegaran los españoles.
Mañana se festeja el día del periodista argentino. ¿No sería un buen regalo que se reponga la Ley de Medios que Macri anuló por decreto? Además es mucho más barato que la gran cantidad de solicitadas que se publican, máxime en esta época de pandemia en que todo el dinero disponible debe destinarse a paliar las apremiantes necesidades de los más necesitados a quienes no se les puede pedir el más mínimo esfuerza adicional.



