Una mujer soñó que entraba a un vivero y para su sorpresa se encontraba Dios atendiendo.¿Qué vende aquí? -preguntó.¡Todo lo que desea tu corazón! dijo Dios.
Apenas creyendo lo que escuchaba, la señora decidió pedir lo mejor que podía desear un ser humano….Quiero una mente tranquila, amor, felicidad, sabiduría y ser libre del temor, dijo.Y luego agregó, no sólo para mí sino para todas las personas del mundo.
Dios sonrió, diciendo:Creo que no has entendido, mujer, aquí no vendemos los frutos, aquí sólo vendemos las semillas.
Jesús explicaba el Reino de Dios por parábolas (comparaciones). El reino de Dios se parece a una semilla que el hombre siembra en la tierra. La semilla puesta en la tierra germina y crece de noche y de día hasta llegar a dar fruto. (Mateo 13:3-9)
También nos explica el Reino de Dios con un grano de mostaza que, siendo la más pequeña de las semillas cuando se siembra, crece más que las demás semillas hasta convertirse en un árbol capaz de cobijarse en él las aves del cielo.(Mateo 13:31,32)
El Señor quiere depositar en nosotros la semilla del Reino y espera que germine, que crezca y dé su fruto.Para ello es necesario que seamos tierra buena, que recibe la semilla y crea las condiciones necesarias para que dicha semilla se desarrolle y dé su fruto.
Es Dios el que pone la semilla de la fe en el corazón del hombre y este debe recibirla y hacerla crecer,es necesario que la semilla esté en contacto con la tierra para que germine, crezca y dé su fruto. La semilla es "La Palabra de Dios La Biblia". La tierra es el corazón del ser humano, que la recibe.
Esto quiere decir, que nos tenemos que preguntar,¿qué clase de tierra somos?, ¿cómo recibimos la Palabra de Dios?, la semilla, que Dios deposita en nuestro corazón, ¿cómo la cuidamos y cultivamos, sacamos las malas hierbas, abonamos, regamos?, para que crezca y de su fruto verdadero y abundante.
Él nos ofrece La Palabra, el testimonio y compañía de los nuestros, que nos animan a vivir de acuerdo a su Palabra, de tal manera que nuestra fe vaya madurando y dando su fruto.
Sabemos que hemos crecido en edad y en estatura, pero ¿hemos crecido igualmente en nuestra fe?¿o somos una especie rara, que madurando en edad y como personas, nos hemos quedado con una fe infantil, porque nos importan otros intereses, distintos de los de Dios, porque seguimos las llamadas que el mundo, y la sociedad nos hacen, y no las que recibimos desde Dios y desde nuestra fe?
Hoy necesitamos darle gracias al Señor por la semilla de su Palabra que un día sembró en nuestroscorazones, y vamos a pedirle, que nos ayude a que seamos buena tierra, que favorezca el crecimiento de Su Palabra en nosotros y podamos dar verdadero fruto.
Tal vez haya quien no tiene seguridad en que la semilla de Dios este creciendo en su corazón, y quiera saber más de esto, estamos para ayudarle, a nosotros alguien nos ayudó y en agradecimiento,es que queremos hacerlo con otros. ¡estamos a su disposición!
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Luis Rodas
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