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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 19/jun/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Los huevos de la serpiente (I)
Por Lic. Hugo Boetti







Hugo Boetti

El bombardeo a Plaza de Mayo en 1955: triste Bautismo de Fuego de las Alas de la Patria.

Un silencio vergonzante o claramente cómplice contuvo durante años un posible, "de esto no se habla". Con trabajoso empeño vastos sectores de la sociedad, la inmensa mayoría de las estructuras políticas, de comunicación y hasta académicas, lo habían tratado de invisivilizar. La total ausencia de autocrítica sobre ese terrible hecho construyó su contrario; la presencia de una realidad subyacente que el tiempo no pudo obviar.

La Memoria es uno de los atributos más importantes de los seres humanos. Ella nos permite reflexionar desde la perspectiva del tiempo. Porque recordar implica hacer ejercicio de la Memoria, hoy quiero hacerlo y de este modo hacer presente a los civiles y militares que fueron víctimas del accionar y metralla de una matriz ideológica. Me refiero a las víctimas inocentes; hombres, mujeres y niños que produjo el bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, en un intento de derrocar al gobierno del Gral. Perón, legalmente elegido 4 años antes, con más del 64% de los votos. Creo necesario recordarlo porque la historia se construye con una mecánica de hechos y silencios que en su devenir va logrando, poco a poco, un acostumbramiento que en la sociedad, marca un camino como si las tragedias fueran inevitables. El bombardeo a Plaza de Mayo fue un delito de Lesa Humanidad nunca declarado.

Hoy desde muchos sectores se cuestiona el ejercicio de la memoria. Algunos equiparan el acto de recordar, de tener memoria, con actitudes atentatorias o contrarias a la convivencia entre los argentino. Manifiestan temor por lo que la exhumación de ese pasado puede producir. Lo que en realidad esconden es un manifiesto temor al pasado porque de algún modo, están inscriptos en el. Un amplio arco justificativo de pesados juicios o incrédula ignorancia fundamenta esta postura. Hablan de "cicatrizar las heridas", muy bien, hagámoslo, pero en el marco de la Verdad, la Justicia y una pública y profunda autocrítica. Hasta ahora solo se ha escuchado un estruendoso pacto de silencio.

El objetivo real del golpe lo explicita con claridad Mario Amadeo, primer Canciller de la revolución de setiembre en su libro "Ayer, Hoy y Mañana": "La revolución del 55 no fue solo un movimiento que derroto a su rival… sino que fue una revolución en que una clase social impuso su criterio sobre la otra". O la del Capitán de Navío Vicente Barbosa, que con despojada claridad justifico en su autobiografía: "que en el 51 queríamos en derrocar al Tirano con acciones sin derramamiento de sangre, la lección del fracaso es que era preciso derramar toda la sangre que sea necesaria para voltearlo".

El bombardeo de una ciudad abierta con la connivencias de sectores políticos y eclesiástico, por partes de Fuerzas Armadas del propio país para implantar el terror y el escarmiento es un acto que no registra antecedentes en la historia mundial. De la violencia antiperonista participaron 28 aviones de la marina y seis cazas a reacción Gloster Meteor de la Fuerzas Aérea.

Desde los aviones fueron lanzadas más de cien bombas, la mayor partes de ellas en un espacio no superior a 10 manzanas entre las 12,40 y las 17,40. Lo significativo de este hecho es que no fueron acciones bélicas de corte militar, tampoco fueron actos terroristas indiscriminados, todo lo contrario, estos actos fueron selectivos, dirigidos concreta y conscientemente contra el pueblo. Esta acción, ya había tenido su antecedente dos años antes, con las bombas colocada, también en Plaza de Mayo, en medio de una concentración popular provocando la muerte de 6 personas y más de 90 heridos y mutilados. Este acto criminal extiende su vergüenza hasta hoy, al encontrar el nombre del responsable de ese operativo, el Ing. Roque Carranza, impuesto a una estación de subte. También una plazoleta de la Capital, lleva el nombre del único civil que acompañó los vuelos sobre Plaza de Mayo, me refiero a E. Zavala Ortíz responsable de los "Comandos Civiles" y futuro Canciller del presidente de Ilia.

El argumento sostenido por los actores y rubricado por distintos estudios, afirman que esa acción estaba concebida con el objetivo de "Matar a Perón". La cobarde mentira queda al descubierto ya que en realidad para ello lo único que hacía falta era sólo un valiente. Sus metódicas costumbres de militar y su natural continuo contacto con el pueblo eran más que conocidos. Solo esas dos circunstancias hubieran facilitado, a la luz de las abundantes experiencias históricas, cualquier acción medianamente peligrosa. Por otra parte, las únicas dos bajas registrada entre los complotados fuero: el Contralmirante Benjamín Garguilo, que se suicidó y el teniente de la Fuerza Aérea, J. Fernández.

A esto se contraponen los más de 350 muertos, entre ellas 12 soldados y más de 1000 heridos y mutilados, víctimas de las de las bombas, proyectiles de grueso calibre provenientes de los aviones, de los fusiles semi automáticos FN de fabricación Belga estrenados por los Infantes de Marina y de los "Comandos Civiles" encaramados en varios edificios públicos que rodean la plaza.

En junio de 1955 se machaco deliberadamente una masa anónima con el objetivo del que el temor se expandiera ejemplarmente, entre los defensores del gobierno. Las bombas implicaron una clara advertencia quienes buscaban derrocar a Perón estaban dispuestos a todo lo que sea necesario. De esta realidad los vasos comunicantes entre los golpistas de 1955 y 1976 son evidentes. La lección del 16 de junio había sido aprendida y trasmitida por aquellos que constituyeron su criminalidad como un continuo.

Los nombre de los marinos E. Masera, H. Mayorga, O.Montes, G. Suarez Manzon, M. Rivero Kelli, H. Estrada, H. Invierno, C. Carpintero, C. Corti y de la Fuerza aérea, J. Mone Ruiz, O. Cacciatore y Agosti, entre los más notorios, tiene el 16 de junio de 1955 en esos nombres, la continuidad política y personal de un camino plagado de mártires populares que desemboca en el 24 de marzo de 1976

Durante 54 años no hubo donde recordar la tragedia ni homenaje a las víctimas. Recién el 16 de junio del 2009, en un acto oficial la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró un monumento recordatorio cercano a la casa de gobierno. En esa ocasión hablo la hija de unas de las victimas de aquel bombardeo que había trabajado en el equipo de investigación del Archivo Nacional de la Memoria. El trabajo pudo documentar 321 muertos de los cuales 84 permanecen N.N. Mediantes testimonios de varios médicos, enfermeras y del entonces Intendente Avellaneda se pudo establecer que un micro con niños que habían viajado de Santiago Del Estero para ver al presidente había sido alcanzado por unas de las bombas.

Quiero terminar esta nota del mismo modo que las anteriores referida a Pellegrini, San Martín y Güemes, por ser los hechos allí narrados incuestionables ejemplos históricos de extraordinarias y dolorosas contingencias de la Patria. Haber exhumado este pedazo de historia solo tiene la pretensión que extienda su luz sobre el presente y el futuro de nuestra Patria.



 
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