Dicen por ahí que todas las historias tienen un final.
Por suerte ya no me creo eso de que todas las historias tienen un final feliz y que todo termina "siendo felices y comiendo perdices".
No creo en los cuentos de hadas.
No creo en las noches de bodas.
No espero que la justicia sea justa.
No creo en los paraguas, ni que puedan evitarme la lluvia. Tampoco lo quiero.
No creo que las cebollas te hagan llorar.
Me contaron que los pobres son estructurales y que a nadie le interesa que los pobres dejen de ser pobres.
Me contaron que los chocolates blancos no son de chocolate.
Vi como los grandes futbolistas empezaron a esquivarle a la pasión.
Supe que los operativos de drogas apenas nos distraen de negociados millonarios.
Aprendí a convivir con la burocracia y la corrupción.
Supe que los poderosos son impunes y que no hay ricos dentro de las cárceles.
Me contaron que todos mienten.
Que los libros un día se desintegran.
Comprobé que pocos logran coherencia entre sus pensamientos y sus actos.
Supe que la muerte por suerte es inevitable.
Y que los violentos nunca cambian.
Por eso, justo por eso, el viejo se había pedido vacaciones en su trabajo.
No se iba de viaje.
No quería descansar.
Sólo quería resolver algunas cuestiones familiares. Como era de pocas palabras y de muchos rezongos, nadie preguntó demasiado.
No se supo del viejo por varios días, hasta la noticia de su muerte. No pasó mucho.
Pero en realidad pasó un montón.
Un montón de tiempo estuvo su hija llena de moretones, un montón de años trató su hija de escapar de esos brazos, ¡ni las rejas pudieron! (porque es un rato y otra vez salen sedientos), ni el miedo en los ojos de sus hijos pudieron, ni los 144, ni las marchas, ni los carteles de "Ni una menos"...
También aprendí en vastas experiencias, que no alcanzan los botones antipánicos, ni los divorcios, ni las denuncias ahora plausibles de efectivas penas, cuando la sed del violento quiere sangre.
Supe que cuando quieren matar, MATAN, que cuando quieren perdones lloran y regalan bombones, que cuando quieren paralizan...
Me dijeron, acertadamente, cientos de veces, "es la historia sin fin"...
Y en todo caso, los finales siempre tienen que ver con la muerte. Con la muerte roja de mujeres moradas.
Esta vez no.
Esta vez no fue un femicidio porque su padre la defendió.
Yerno y suegro se apuñalaron las pieles hasta desangrarse.
Sacó vacaciones para tener tiempo de defenderla. Sacó sus vacaciones no para descansar sino para que descanse ella...
Pudo liberarla.
Al fin su hija descansa.
Y el viejo está en paz.
Ya no habrá golpes ni moretones ni gritos ni ojos de niños aterrados.
Dos muertes y una vida libre.
Esta vez, hubo un fin.
En homenaje a Marcelo Pérez
Lilia Rodas 18/6/20
#Dato VIDEO La Historia Sin Fin. Conmovedora obra literaria basada en un caso real, Marcelo Pérez guardia cárcel que sacó vacaciones para ir a defender a su hija de las agresiones que vivía. Lilia Rodas, escritora y psicóloga del Servicio Penitenciario.https://t.co/3xYw5kHu4x
— Daniel Trila (@dantrila) June 27, 2020



