Transitamos más de 100 días de cuarentena en la Argentina. La crisis, tanto sanitaria como económica, muchas veces nos condena a analizar solamente el corto plazo. Se trata de un contexto inédito en el que las autoridades en los distintos niveles de responsabilidad, ya sea Nacional, Provincial o Municipal, administran y gestionan con mucho esfuerzo, tratando de priorizar la salud por encima de la lógica económica.
Si bien hay diversidad de opiniones y abordajes al respecto, me inclino a creer que tanto en lo sanitario como en lo económico nos esperan aun horas aciagas: ojalá me equivoque, pero lo peor no ha llegado.
El futuro nos plantea un escenario de una economía mundial y local que se achica, con las obvias consecuencias que ello tendrá en la vida cotidiana. A esta altura, el comercio internacional de bienes y servicios ha caído por lo menos un 25% y las economías de los países han caído en un promedio del 10% cuanto menos.
Todo indica que este proceso de caída se profundizara en el futuro inmediato. La recaudación del Estado caerá fuertemente, por lo que brindar servicios y mantener las acciones de gobierno será mucho más difícil para todos los ámbitos.
Es en estos momentos, en los que algunos creemos tener la obligación de pensar el mediano y largo plazo, es decir: de qué manera lograremos recomponernos de las consecuencias de esta crisis que aceleró impensadamente la pérdida de miles y miles de fuentes de trabajo. La retracción aun no finalizó, y es tal su magnitud que recuperar lo que se tenía ya sería un logro considerable en sí mismo.
Lo cierto es que en algún momento habrá que volver a crecer, pero sin dejar de tomar nota del contexto que nos toca y la responsabilidad que conlleva, porque el margen de error es cada vez más pequeño.
Por eso mismo, porque lo que se viene no es broma, tenemos que romper con los modelos mentales de gestión pública y acción política que nos trajeron hasta aquí. Hay que pensar a la política como una herramienta de intermediación social entre los distintos intereses y visiones.
Es indispensable abandonar la lógica amigo-enemigo que sólo nos ha demorado en la confrontación salvaje, anula el diálogo y hace imposible la convivencia. Hay que entender que nadie es dueño de la verdad y que existen diferentes verdades en un conjunto social: la respuesta de la democracia es atender a todas ellas y generar los consensos que permitan una acción eficiente del Estado sobre los problemas.
En el marco de un capitalismo salvaje (en el que son muy pocos los que ganan, y la mayoría es cada día más pobre) la política ha caído, también, en ese mecanismo de darwinismo social en el que se exalta el "triunfo" pasajero sobre el oponente como si se tratara de un juego de destrucción mutua, en lugar de entender que de todos depende la construcción de un proyecto común.
Por eso, creo que es elemental entender que quien ha sido elegido para gobernar pone la impronta y toma las principales decisiones para llevar adelante los procesos, pero este rol implica también una necesaria capacidad de diálogo y escucha. No se trata de limitar, sino de enriquecer la visión con la aparición de distintas voces que alimenten una gestión, sea cual fuere.
Campana parece no escapar a esa lógica. Aquí también la política cae en la trampa de dilapidar energías en la confrontación estéril, en lugar de invertirlas en encontrar espacios de consenso y de funcionamiento común, reconociendo diferencias y matices, pero que a la vez las potencie liberando las capacidades de todos los actores.
Desde esta mirada, y más allá de la coyuntura ya señalada, creo que es necesario acordar una hoja de ruta que determine políticas públicas, que deban ser privilegiadas para transitar la recuperación económica y de calidad de vida de los vecinos.
Sería una forma de pensar la ciudad entre todas las personas que la habitamos, atendiendo a las diferentes necesidades y propuestas, escuchando a los distintos actores políticos, económicos y sociales, asociaciones empresarias y de comercio, grandes empresas, sociedades de fomento, organizaciones no gubernamentales y otras entidades intermedias, colegios profesionales, sindicatos, universidades y también colectivos disidentes.
Basta con recorrer la historia reciente de nuestra comunidad, para encontrar ejemplos de mecanismos de participación ciudadana que aportaron una mirada integral a las problemáticas locales, los convenios del Gobierno de la Municipalidad de Campana con la Universidad de Lausanne (Suiza) durante el gobierno de Calixto Dellepiane, y el Plan Estratégico de Campana, durante el gobierno de Jorge Varela, son ejemplos que, atendiendo a su contexto histórico, abordaron problemáticas esenciales para el desarrollo de la vida humana de manera integrada.
Y si buscamos más atrás en el tiempo, pensemos que mañana es 6 de Julio. Celebraremos un nuevo aniversario de la creación del Partido de Campana, fruto de la planificación temprana. No me voy a extender sobre el tema, pero todos sabemos o al menos intuimos que los hermanos Luis y Eduardo Costa no se limitaron simplemente a lotear una estancia de su propiedad y ya…
Insisto: indudablemente son tiempos difíciles. Pero, justamente, es en ellos en los que debemos no perder el rumbo y ser la mejor versión posible de nosotros mismos… recuperar la utopía de la construcción de una democracia cada vez más amplia y participativa, que nos permita ser parte como comunidad de mejorar el espacio común que nos cobija, y que posibilite fortalecer las acciones de gobierno con consensos abarcativos, teniendo como objetivo central una mejor calidad de vida para nosotros y las generaciones venideras.
Alberto Giordanelli - Espacio de Pensamiento Alfonsinista



