De tal palo tal astilla (primera parte)
Más allá de las reiteradas verbalizaciones realizadas por el ex presidente Macri, tanto en campaña como durante su gestión, de terminar con "la grieta para unir definitivamente a los argentinos", las acciones reales y concretas realizadas, no sólo contradice tales afirmaciones, sino que por su alcance, fueron una maquiavélica muestra que recuerda los peores momentos de esa práctica en nuestra historia reciente.
De todas ellas hay una, que por sus implicancias en la realidad económica y política de nuestro país, se destaca palmariamente. Me refiero a la paralización, en diciembre de 2015, de dos obras en construcción, las represas "Néstor Kirchner" y "Jorge Cepernic" ubicadas en la provincia de Santa Cruz, iniciada durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. La dimensión exacta de esta decisión la podemos mesurar al verificar que estas represas constituyen la inversión más importante en la Argentina y la mayor obra pública en la que participan capitales chinos en el mundo. Contemporáneamente a ello implicó la pérdida de unos 1500 puestos de trabajo.
Ya en su momento, uno de los voceros más oficiosos del gobierno, el diario La Nación, anunció que "según dos fuentes vinculadas al proyecto, el gobierno nacional tenía previsto suspender o postergar la construcción de las represas. La iniciativa "entró en reevaluación", remarcó La Nación. ¿El motivo? "paralizar la obra pública, para achicar el gasto público, para reducir el déficit fiscal, para cumplir el acuerdo con el FMI".
Es dable recordar que dichas obras no sólo eran de capital importancia para la provincia, sino también para el país en su conjunto ya que tendrán una potencia que representa el 5% del máximo consumo nacional en punta, permitiendo una generación media anual mayor a 5.000 GW/hs. y cubriría la demanda eléctrica diaria de 1 millón y medio personas. Tal incorporación implicaba además hacer sustentable los distintos proyectos de desarrollo industrial, impulsado por la gestión de Néstor y Cristina Kirchner.
Muy lejos de los argumentos construidos y forzados que se utilizaron para paralizar las obras con el recurrente aporte del poder judicial, lo medular de esta acción fue exponerle a propios y extraños, en manos de quien estaba el poder y su dimensión a partir de lo que era capaz de hacer. Para tal demostración era necesario el marco apropiado. El escenario elegido contenía todos los atributos y la mayor significación: la provincia de Santa Cruz, el preciso lugar donde Néstor y Cristina construyeron y proyectaron su poder político. Tampoco estuvo fuera de cálculo ignorar totalmente los reclamos de la gobernadora y de importantes sectores sociales y económicos de la provincia, cuanto mejor si ella era la hermana del ex presidente a quien en su honor se nominaba una de las obras.
De todos modos faltaba el hecho más significativo e importante por la carga política y simbólica que ello implica: Como una muestra más que forma y contenido se corresponden, por decreto, Macri anula y cambia los nombres de ambas represas, que pasaron a llamarse, en referencia al lugar en donde se encuentran, "Cóndor Cliff" y "Barrancosa". Se había dado un paso más en la consiente estrategia destinada a borrar y vaciar de contenido hechos de nuestra historia pasada y reciente, sustituyéndola con relatos construidos sólo con presentes, al amparo ficcional de una estructura comunicacional compactamente homogenizada.
Un sin número de hechos como el que aquí se señala, fueron muestras elocuentes de esa visión política. En ese mismo marco y como muestra superlativa de la voluntad de "cambio", fue el retiro del nombre de Mercedes Sosa a Radio Nacional de Tucumán, repuesto hace pocos días por las nuevas autoridades...
Pero lo realmente medular de lo sucedido en Santa Cruz, que desnuda el objetivo principal de estas acciones, es que mas allá de la búsqueda de construir sentidos simbólico, como estrategia de acumulación de poder, lo de Santa Cruz fue un eslabón más del macro diseño destinado a desmontar el elemento central del proyecto de desarrollo iniciado en las gestiones de Néstor y Cristina; me refiero a la política destinada a la generación de energía, para cubrir y hacer sustentable el proyecto de desarrollo industrial.
La ecuación de esta política se demuestra con claridad cuando observamos la reiteración de esta práctica en distintos lugares del país. Allí están como prueba definitiva la paralización de distintas obras ya en ejecución como son los casos del complejo hidroeléctrico Chihuido, en Neuquén, el levantamiento de las dos centrales nucleares Atucha III y IV, proyectos que preveían inversiones por u$s 2.200 millones y u$s 15.000 millones, respectivamente. Tampoco se construirá en San Juan el "Parque Solar Sarmiento", ni el parque eólico Viento Reta en Tres Arroyo ni la Línea de Alta Tención entre Yaciretá y el Chaco. Tampoco se normalizarán las actividades en la desguazada mina de carbón de Río Turbio. En total son 2.965 MW que pasan al olvido. Es en este mismo marco que se debe entender la paralización de la Termoeléctrica Belgrano II de Campana.
Estas acciones desnudan totalmente lo marginal y estrecho del proyecto de país que proponía el Macrismo: un país diseñado a la medida de las necesidades de las potencias hegemónicas que dominaron el escenario del siglo XX, al asignarnos el rol de país agro-exportador, productor o extractor de materias primas sin ningún tipo de valor agregado. Macri sabía muy bien lo que hacía e hizo lo que vino a hacer. Su proyecto de construcción contenía, entre otros, un proyecto de demolición: eliminar, de cualquier modo, lo que es la estructura central de cualquier proyecto de desarrollo ligado a la producción con valor agregado: la generación de obras de producción energéticas, ya que ellas implican el paso indispensable para la radicación de empresas.
Desde que Macri asumió la presidencia, fueron ostensibles las operaciones contra la continuación de las distintas obras en que Electroingenieria formaba parte del consocio constructor conjuntamente con una empresa China. Para ello se valieron de métodos por demás siniestros. Estas operaciones para sacar a Electroingenieria, en beneficio de una empresa Norteamericana, llegaron incluso a que su Vicepresidente, el Ing. Germán Ferreyra, fuera procesado y encarcelado, como supuesto integrante de una "Asociación Ilícita". Es dable señalar que Ferreyra fue uno de los pocos empresarios que no pidió ser aceptado como "imputado colaborador".
El fiscal Stornelli le ofreció liberarlo a cambio de su "arrepentimiento" de haber colaborado con Néstor y Cristina Kirchner en distintos delitos ligados a la obra pública, en la rocambolesca causa "de los cuadernos" del remisero Centeno, causa que por su dimensión, también salpicara a otros notorios empresarios como Rocca y Bulgheroni. Hoy, ya en libertad y a la luz de las últimas investigaciones, está quedando al descubierto un entramado de acciones llevadas adelante por servicio de inteligencias, justicia y medios de comunicación con este fin.
Los datos aquí aportados son una muestra irrefutable del proyecto político del anterior gobierno. Desgraciadamente nuestra ciudad no estuvo a salvo de esa política de demolición. Porque cuando señalo "proyecto política de gobierno" implica a todos y cada uno de los que la ejecutaron y acompañaron y esto incluye irremisiblemente al actual intendente, que durante 4 largos años, dócil y calladamente fue parte de él.
Fueron inútiles los reiterados reclamos sociales, sindicales y políticos respecto a este tema. Sus 4 años de prudente inacción y silencio, son también una muestra irrefutable de la actitud connivente con las políticas más retardatarias de Macri y Vidal que desnuda, al punto del grotesco, el súbito ataque de interés "desarrollista" proclamado estos últimos días.
Alicia y Cristina Kirchner, Gerardo Ferreyra reiniciando las obras



