Del 1º al 7 de agosto, celebramos la práctica del amamantamiento.
Indiscutiblemente el mejor alimento, que está específicamente preparado para que lo reciba un bebé humano recién nacido con todos sus sistemas totalmente inmaduros y por supuesto el sistema digestivo.
Por eso y como siempre lo menciono la naturaleza es tan maravillosamente sabia que va a ir adaptando este alimento según el momento de desarrollo y crecimiento del niño y así cuando nace, el cuerpo de la mamá produce calostro, luego pasará por un período de transición hasta convertirse en leche madura que tendrá todos los nutrientes apropiados y en sus justas proporciones para que crezca adecuadamente.
Si bien consideramos que el amamantar es un hecho natural y lo es como todos sabemos, pero también de máxima vulnerabilidad y sensibilidad, esta mamá acaba de dar a luz independientemente de las circunstancias, todas atravesando por el proceso más maravilloso y mágico que no tiene comparación con ninguna otra situación, de tal movilización emocional que es imposible poner en palabras.
Por lo tanto para que esta mamá pueda amamantar a su bebé de la mejor manera necesita un buen acompañamiento.
Quien le brinde intimidad, seguridad, amparo, protección, palabras amorosas, que sostenga la díada, que permita la conexión sin intervenir, sin juzgar, solo estando.
Que permita los silencios, la conexión con la mirada, la fusión a través del calor de los cuerpos y el olor, que favorezca el encuentro, un encuentro tan esperado durante nueve meses.
Acompañar adecuadamente a una mamá en el puerperio inmediato, resaltando sus capacidades, la confianza en sí misma y en su propia intuición garantiza una lactancia exitosa y prolongada.
Ana Lía del Mármol, Puericultora Universitaria - Terapeuta maternal



