En defensa de la razón
Con la frase del subtítulo, el matutino La Nación publicó en la semana que pasó un artículo muy interesante en el que Steven Pinker, profesor de Psicología y miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos reafirmó la defensa de la razón frente a lo que denominó una puja entre "dos corrientes comandadas por una derecha autoritaria, nacionalista y populista, y una izquierda posmodernista, identitaria y políticamente correcta". Para hacer frente a este panorama, Pinker recomienda reforzar las ideas de la democracia, la libertad individual, el pensamiento científico, el humanismo universal, la comprensión histórica y la conciencia de progreso, que deben siempre ser reforzadas porque no son intuitivas.
Precisamente, uno de los axiomas de la Estrategia es "pensar lo nuevo, es pensar de nuevo". El ejercicio del análisis de la realidad, dictado por la razón y no por las ideologías es imprescindible si queremos vivir en el mundo real y no en el mundo que inventamos en base a nuestros deseos de como debiera ser lo que es.
Un lindo ejemplo, es el debate reciente en torno a la reciente ley sobre el teletrabajo cuyo discurso en alguna medida se contradice con el empleado por muchos legisladores un poco antes al tratar la revisión de la ley de la Economía del Conocimiento.
Según datos publicados en diciembre de 2019 en sendos artículos en los medios El Cronista y Ámbito Financiero (medios con orientaciones ideológicas muy distintas en la actualidad), el sector de servicios profesionales (con uso intensivo del denominado teletrabajo) exporta USD 3600 millones por año, representando un 8% de las exportaciones totales, y ubicándose en el tercer sector en ventas al exterior, luego del complejo sojero y la industria automotriz. A pesar de tratarse de un sector que tuvo un auge importante desde el año 2000, la vigencia de la Ley de Economía del Conocimiento le dio al sector un impulso importante en el último tiempo. El propio presidente, Alberto Fernández, ha destacado los beneficios de esta ley, pese a que la misma se gestó durante la presidencia de Mauricio Macri. Durante un año económicamente malo como 2018, el sector creó 435000 puestos de trabajo, formal y en blanco. Las mismas fuentes estiman que en la próxima década el sector generaría ingresos fiscales por USD 1000 millones. Muy difícil de explicar que esto sea un caso de precarización del trabajo.
Claramente, este sector no explica todo el universo de trabajo no presencial. La expansión del trabajo remoto a otros sectores de la economía, ha sido una herramienta que permite seguir manteniendo un cierto nivel de actividad durante la pandemia y habrá que ver qué queda luego de ella, en base al análisis de la experiencia de empleados y empleadores.
El punto principal no es si hay que regular o no hay que regular. El punto principal es en base a qué. Y aquí el apuro, la falta de consenso, y la calidad de la discusión es peor que la ley en sí (sobre la cuál en una columna anterior se criticó, en concreto, la reversibilidad y las restricciones a la flexibilidad horaria, aspectos que pueden aún morigerarse en la reglamentación, y que el presidente Fernández ha dado señales de que su equipo lo tiene en evaluación), porque se trata de un tema estratégico para el presente y futuro del trabajo. Y aquí, el valor de este tema como ejemplo.
Precisamente, es sólo un ejemplo, de cómo el discurso político pretende llevar todo a un terreno sesgado por la ideología y alejado del foco en lo concreto. Lo concreto en la Argentina de hoy es la necesidad de establecer una estrategia de Estado que tenga a la creación de empleo decente (en los términos que lo definen las Naciones Unidas) en el centro de la agenda pública. Si armaríamos una lista de los desafíos frente a la precarización de trabajo, el trabajo en condiciones de insalubridad, el trabajo no registrado, la diversidad e inclusión (de género, etarea, de discapacidad), o el pago efectivo de las horas trabajadas (que es mayor desafío en las actividades presenciales, de mano de obra intensiva, que en las no presenciales), por ejemplo, deberían tener una prioridad mayor en las políticas públicas y en la agenda legislativa.
Un pensador (que, por cierto, no era "neoliberal" ni "marxista") llamado John Maynard Keynes decía en la introducción a su Teoría General "la dificultad no reside en las ideas nuevas, sino en las viejas, que entran rondando hasta en el último pliegue de entendimiento de aquellos que han sido educados en ellas, como la mayoría de nosotros".
El estudio y debate, asertivo y de buena fe, es la mejor forma de buscar consensos y aproximarse a una realidad social compleja en la cual nadie puede arrogarse la verdad. En esta ley faltó debate y consenso. Pero en Argentina hace tiempo que faltan consensos básicos, de esos que necesita una sociedad para progresar. Se empieza con buena intención, se sigue poniéndole foco a los temas concretos, se aborda con la razón, y así se generan los buenos debates que son la base del avance humano y del progreso social.
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