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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 13/sep/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Un lugar para las finanzas
Por Mara Pedrazzoli





Mara Pedrazzoli

Algunas noticias resumen las novedades en materia financiera. En primer lugar, la llegada paulatina de los nuevos bonos de deuda soberana (bajo ley nacional y extranjera) a los mercados bursátiles. Los bonos fueron depositados a los acreedores pero otras operatorias (como su posterior venta) se demoraron por el parking: una regulación que establece que tras acreditarse títulos en una cuenta bancaria deben pasar 5 días para poder venderlos contra dólares. Las transacciones fueron ganando volumen hacia fin de la semana y marcaron un rendimiento cercano al 11%, como se preveía: hasta ese nivel (de 1.100 puntos básicos) se redujo el riesgo país: el extra de tasa que debe pagar Argentina para endeudarse en dólares. Otros países de la región abonan tasas del 5% promedio pero a Argentina le resta un camino que transitar allí para fortalecerse.

Esa deuda soberana vendida en el mercado secundario permite a sus tenedores hacerse de dólares cash: la operatoria se llama "liqui" y una similar realizada con acciones se denomina "mep". Ante dos situaciones, una coyuntural y otra estructural, esos dos mercados adquieren bastante relevancia en la actualidad. La primera razón es la dificultad, coyuntural dado el cepo, de empresas y personas para poder acceder a los dólares por otro canal. La segunda, estructural, tiene que ver con el incentivo perene de los argentinos a ahorrar en dólares, y eso se asocia a la idea de que una devaluación está siempre latente, y eso a su vez se asocia a que las reservas del Banco Central casi siempre se extinguen, nunca se llenan.

¿Por qué el dólar liqui se ubica cerca de $123 y el mep en torno a $120? No es una pregunta sencilla o quizás reúne simplemente la idea de misterio detrás de cada precio en economía. No se trata de valores estables, en el sentido de que continuarán en ascenso (en mi opinión, mientras las reservas no cambien su rumbo) aún si el dólar oficial es llevado hasta esos niveles. Lo cual, además, de realizarse súbitamente implicará un devaluación en torno al 60% con severas consecuencias inflacionarias y macroeconómicas. De allí que los gobiernos con inquietudes populares vieran como "enemigos" a quienes especulaban ejerciendo poder de mercado ("golpes de mercado" se los llamó en un tiempo). Ese enfoque, en sí mismo, no contribuyó a cambiar las tendencias de modo que fue ganando terreno una visión más realista (más o menos ideologizada, lo dejo a su criterio) y progresista en términos políticos: la idea de no devaluar (de no ser "el presidente que devalúa") se instala por encima de cualquier intento por razonar las tensiones a la que habitualmente está expuesto un país que no emite moneda global. Países que hasta son vistos como anormales, al menos en términos económicos.

Pero entonces vayamos a los hechos, porque de todas formas está instalado que no solo quienes tienen poder de mercado sino las PyMEs y la clase media están en su justo derecho, y además es perfectamente racional, que dolaricen sus ahorros. ¿Qué puede hacer la política para calmar las expectativas devaluatorias, a veces más y a veces menos coyunturales? Básicamente tres cosas. En primer lugar, no desconocer las cuestiones estructurales (como abogaba una escuela de pensamiento homónima y latinoamericana) y trabajar así tome mucho tiempo para engordar las reservas (algo que la gestión macrista descuidó por completo creyendo que liberalizando los mercados o endeudándose con el FMI, en un santiamén, generaría una afluencia de dólares). La idea de sustituir importaciones e incrementar exportaciones en la que trabaja el Ministerio de Desarrollo Productivo apunta a esa dirección.

En segundo lugar, de carácter coyuntural: intervenir en los mercados de dólar secundarios, en los financieros, para que esa nueva referencia numérica del dólar no se aleje demasiado del oficial. El gobierno no puede desconocerlos (como hizo por ejemplo el segundo kirchnerismo con el dólar blue); lo muestra la experiencia histórica y no sólo en Argentina: los mercados paralelos no desaparecen, generan ruido y más incertidumbre. En tercer lugar, como vienen pronunciando desde la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía, si bien con justa cautela: desarrollar un mercado de valores en pesos, emitir títulos que sean rentables pero en moneda local. El rendimiento de esos títulos -por lo general atados a la inflación o al ritmo de devaluación cambiaria: las dos variables nominales más volátiles del país- estará asociado a una tasa de interés, la cual siendo jugosa como atractivo financiero corre el riesgo de volverse prohibitiva usada como referencia bancaria para ofrecer créditos al sector productivo. También estas dos respuestas suponen mucho terreno por andar.

Repasemos dos cuestiones dadas a conocer la semana pasada que hacen al manejo de la política cambiaria o monetaria que en nuestro país son sinónimas. Como muchos ahorristas demandan los bonos en dólares para hacerse de la moneda extranjera, se espera que el gobierno dote al mercado de oferta vendiendo bonos en su poder: las acreencias del Banco Central y la ANSES de los flamantes bonos Global se estiman en USD 15.000 y USD 12.000 millones respectivamente. Es una táctica quirúrgica, como la oferta de dólar billete. En segundo lugar se supo que el Central autorizó a las entidades bancarias a captar plazos fijos atados a la evolución del dólar oficial: es una alternativa de ahorro en pesos que sirve principalmente a exportadores. También se supo que la Secretaría de Finanzas renovó vencimientos de deuda pública en pesos por encima de lo requerido, capitalizando al Tesoro por unos $ 15.000 millones. Lo hizo a través de las Letras de Descuento (LEDES) y las atadas al CER (LECER) con vencimiento en 2021 y bonos atados a la inflación también (BONCER) que vencen en 2020. Son títulos bastante diferentes de las Letes y Leliqs de cortísimo plazo (vencían a los siete días) que ofrecía el macrismo indiscriminadamente.



 
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