A pesar de los 25 kilómetros de río que los separan y la falta de recursos, se las ingeniaron para sostener el proyecto pedagógico durante la cuarentena. "A veces hacemos videollamada para vernos un poquito y alentarlos a que no bajen los brazos", cuentan.
La Escuela Primaria Nº24 "Carlos Saavedra Lamas", ubicada a 25 kilómetros del río Paraná de las Palmas sobre la segunda sección del canal Alem, es la más lejana al centro de Campana. Pero a pesar de la distancia y las restricciones impuestas por la cuarentena, ha logrado mantener unida a su comunidad educativa, sosteniendo el proyecto pedagógico por medio de la tecnología y el compromiso de sus docentes.
Fue el 13 de marzo la última vez que sus 17 alumnos estuvieron todos juntos con sus maestras. Ese viernes, los chicos recibieron un cuadernillo de contingencia, no frente a la emergencia por el coronavirus, sino respondiendo a un protocolo preventivo de las escuelas isleñas a las que es imposible llegar cuando hay niebla o crecida o bajada de aguas. Tal vez sin saberlo todavía, esa entrega les posibilitaría continuar aprendiendo durante la primera etapa de esta inédita pandemia.
A diferencia de las escuelas del continente, donde la conectividad y el acceso a recursos digitales son otros, la comunidad de la Escuela Nº24 tuvo que poner su imaginación al servicio de la educación de sus integrantes más pequeños. No todas las familias cuentan con una computadora -ni siquiera las del gobierno-, por eso sus docentes apelaron a algo más básico y universal: el teléfono celular. Organizando nuevos grupos y gestionando los horarios de los dos ciclos que se dictan, pudieron así continuar con su proyecto pedagógico reemplazando los dibujos con tiza con emoticones de WhatsApp.
"Nos conectamos de lunes a viernes. Los obstáculos que tenemos son la señal y la cantidad de datos móviles que se usan, porque el teléfono celular es un recurso de toda la familia. Primer ciclo se conecta a la mañana y segundo por la tarde, con las familias prestándoles los teléfonos para que puedan comunicar con su maestro y desarrollar la actividad", cuenta Carolina Villafañe, directora de la EP Nº24 y a su vez una de las maestras de grado. La dificultad para acceder a recursos es tal que incluso entre las docentes tuvieron que salir a buscar dos teléfonos celulares para dárselos a quienes no tenían.
Sin el compromiso de los maestros y profesores, este precario aunque valioso sistema de enseñanza remota no hubiese resistido tantos meses de aislamiento. Villafañe destaca que la mayoría de los chicos se conectan todos los días. Y señala que el acompañamiento pedagógico del docente, más allá de que sea por chat, a veces es imprescindible porque hay familias que no están en condiciones de respaldar el aprendizaje de sus hijos.
Cada quincena, el equipo directivo y docente se coordina y vuelve al Delta en las lanchas escolares para entregar los alimentos del Servicio Alimentario Escolar, por un lado, y los cuadernillos de continuidad pedagógica que bajan de Provincia y Nación, por el otro. Por orden de la Jefatura Distrital y ante la falta de netbooks, los ejemplares son entregados en formato papel. Además, gracias a la Cooperadora de la escuela, acercan libros, útiles escolares y materiales para realizar las tareas de Plástica y Educación Física. Y suelen llevarles a los chicos una bolsa con golosinas. Un dulce mimo al alma tras meses sin poder verlos.
"Extrañan la escuela, es el centro social de ellos, es donde se encuentran, juegan y hacen amigos, porque sino viven aislados, no tienen vecinos cercanos", comenta la directora Villafañe. "El aislamiento a ellos probrecitos no les juega a favor".
Hasta el momento la Escuela Nº24, a la par del desarrollo curricular, pudo llevar adelante los actos protocolares de forma virtual, los que emocionaron mucho a las familias. De hecho, se ultiman detalles para lo que será el Día de la Primavera, durante el que se armará un único grupo de chicos para compartir juegos sociomotores. El sistema de enseñanza remota pudo incluso garantizar el sostenimiento de un proyecto de educación inclusiva entre una maestra y su alumno.
"A veces hacemos videollamada para vernos un poquito y alentarlos a que sigan trabajando y no bajen los brazos, porque es agotador", reconoce Villafañe, líder de un equipo docente que cuando el mundo se refugió en casa, logró seguir cerca de sus alumnos a pesar de los kilómetros de río en el medio.
La Escuela Primaria 24 se ubica en la segunda sección del canal Alem, a menos de 8 kilómetros del Iguazú.
Cada 15 días, los docentes se adentran en el Delta para llevar alimentos y material pedagógico.



