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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/sep/2020 de La Auténtica Defensa.

El Espiritu en su más simple expresión
Por Allan Kardec




Hacia 1848, en los Estados Unidos de Norteamérica llamaron la atención diversos fenómenos extraños, consistentes en ruidos, golpes y movimientos de objeto sin causa conocida. Tales fenómenos se habían manifestado a mendo en forma espontánea con una intensidad y persistencia singulares. Pero se observó asimismo que se producían más particularmente bajo la influencia de ciertas personas, a quienes se designó con el nombre de médiums y que podían en cierto modo provocarlos a voluntad, lo cual posibilitó reproducir las experiencias.

Con este propósito se servían sobre todo de mesas. No porque este objeto fuera más adecuado que otros, sino tan sólo por el hecho de que es movible, resulta más cómodo y nos sentamos más fácilmente y con mayor naturalidad en torno a una mesa que frente a cualquier otro mueble. Se obtuvo de esta manera la rotación de la mesa, luego movimientos en todos sentidos, sacudidas, vuelos, levitaciones, violentos golpes resonando en ella, etc. Tal el fenómenos que se designó, en los comienzos, con los nombres de mesas giratorias o danza de las mesas.

De América, el fenómeno pasó a Francia y al resto de Europa, donde durante varios años las mesas giratorias y parlantes estuvieron de moda, convirtiéndose en el entretenimiento de los salones. Después cuando se hubieron cansado de ellas, las dejaron a un lado para dedicarse a otras distracciones.

Digamos previamente y de paso, que la realidad del fenómeno halló muchos contradictores y sólo vieron en él la impostura, un hábil juego de prestidigitación. Los que no admiten que existía nada mas allá de la materia, creyendo solo en el mundo visible y pensando que todo perece con la muerte del cuerpo; los materialistas, en suma, aquellos que se califican de espíritus fuertes, relegaron la existencia de los Espíritus invisibles al dominio de las fábulas absurdas.

Por lo general, se tiene de los espíritus una idea completamente falsa. No son - como muchos se los imaginan seres abstractos, vahos e indefinidos, ni algo así como un fulgor o una chispa. Antes, por el contrario, se trata de seres muy reales, que poseen su individualidad y una forma determinada. Podemos obtener una idea aproximada acerca de ellos mediante la explicación que sigue.

Existe en el hombre tres partes esenciales, a saber:

1) El alma o espíritu, principio inteligente en el que residen el pensamiento, la voluntad y el sentido moral;

2) El cuerpo, envoltura material pesada y grosera que pone al Espíritu en relaciones con el mundo exterior y…

3) El periespíritu envoltura fluídica leve, que sirve de vínculo y de intermediario entre el Espíritu y el cuerpo.

Cuando la envoltura exterior está gastada y no puede ya seguir funcionando, sucumbe y el Espíritu se despoja de ella, como el fruto de su cáscara y el árbol de su corteza; en suma, del mismo modo que abandonamos un traje viejo que ya no nos sirve más. Esto es lo que se llama la muerte.

Adaptación de Héctor Malvicino para La Auténtica Defensa


Allan Kardec

 
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