LA PLATA, (Especial de AIBA)Ante la inminencia de los Carnavales en Río de Janeiro Fernandinho Beira Mar, narcotraficante preso en esa ciudad, dio la orden a sus lugartenientes: ´ya verán dónde está el poder´.
En pocos días la ciudad se transformó en invivible por el grado de inseguridad que existía. Hoy Río está militarizada. Este hecho me impactó porque tuve oportunidad de vivenciarlo y de alguna manera preverlo ante un grupo de profesionales brasileños. El año pasado fui contratado en la ciudad de Río para realizar una tarea de formación de padres, maestros y líderes de la comunidad. Entre ellos había gente que vivía y trabajaba en el morro La Rosinha, propiedad del Comando Vermelho, regenteado por Fernandinho Beira Mar.
Todos me decían que tenían prohibido hablar y educar sobre prevención de las drogas, incluso estaban amenazados. Ahí me comentaron que cada morro era de un cartel. Me di cuenta que la tarea era imposible ya que si el maestro tenía prohibido hablar por temor cierto de vida, que era lo que le podía pasar a los que alimentábamos la conciencia y el trabajo comunitario para afrontar una epidemia que carcomía la salud mental, física y comunitaria de esa comunidad. Decidí no ir más ya que también podía correr peligro.
En el mundo de hoy existe una realidad dolorosa: circuitos urbanos dominados por organizaciones criminales. Esto no es sólo patrimonio de Río. También existe en el
Primer Mundo (como intentaré mostrar) y en Sudamérica y América Central. Son llamadas las ´otras ciudades´ en México, Nicaragua, Guatemala. Son los ghettos en Los Angeles. Pululan en San Pablo, el norte de Brasil y son el paisaje permanente de la mayoría de las ciudades de Colombia. En nuestro país es patrimonio de ciertos lugares periféricos que rodean las grandes ciudades no sólo en la ciudad de Buenos Aires y el gran Buenos Aires sino, ya, en la mayoría de las provincias argentinas.
Las organizaciones criminales de hoy (armas, drogas, oro, secuestro de personas, tráfico de esclavas sexuales y de niños y de intercambio de autos o partes de los mismos) necesitan de circuitos urbanos inexpugnables para realizar sus actividades. En estos barrios hay una diferencia notable entre el censo real y los que viven efectivamente que habitualmente alcanza una cifra del 30%. Hay una población ´invisible´ de ilegales, perseguidos por la justicia o por otras organizaciones criminales que buscan un refugio en estos lugares protegidos. Son ´aguantaderos´.
¿Cómo se originan estos barrios? Habitualmente surgen por una suma de errores o fatalidades sociales: urbanizaciones públicas hechas no para humanos, es decir con condiciones de habitabilidad insalubres, déficits de vivienda, etc. En otros casos son el depósito de personas de lugares (más centrales) que necesitan que ciertos grupos desaparezcan de una cierta visibilidad. Las organizaciones criminales no surgen de esta pobreza sino que se mimetizan con ella para explotarla. Muchos habitantes se convierten en la mano de obra ´descartable´ de estas organizaciones.
Habitualmente ahí la desocupación ronda el 80% y en muchos casos lo laboral se emparenta con trabajos delictivos. El analfabetismo supera el 20%. El índice de fracaso escolar es alto en las escuelas de ese conjunto poblacional e incluso alrededor de un 50% de las familias prefieren que sus hijos se eduquen fuera de esos barrios. El índice de discapacidad en todos los que viven ahí es alto (retrasados mentales, patologías motrices, etc.). De la misma manera el índice de enfermos mentales supera la media normal de cualquier ciudad medianamente organizada. El tema de las drogas ocupa un lugar preponderante, desde niños conviven con las drogas. Primero como correos en la distribución y luego como consumidores y pequeños distribuidores para saciar su dosis.
En estas ciudades el 80% de los menores consume alcohol, tabaco y marihuana. En estudios que he realizado en varias provincias argentinas el 60% de las familias tiene en su seno adictos y en muchos casos padres e hijos consumen.
El índice de muertes por sobredosis y por Sida supera la media de todos los circuitos urbanos. En todos estos barrios las pandillas crecen a la sombra de la miseria moral, las drogas y el hundimiento de la vida familiar especialmente notoria en la sideración y aniquilación de la figura concreta del padre que aparece como perdido, ausente, nunca visto, confundido o ya muerto. De entrada la noción de Ley está cambiada. La Ley es la ley de la calle.
Acá surgen pandillas por doquier. Hoy en Colombia las distintas organizaciones que quieren tomar el poder buscan este tipo de bandas juveniles con ahinco para lograr el exterminio del enemigo a bajo costo y a su vez las pandillas a falta de una Ley interior que los ordene encuentran en estos grupos ilegales pertenencia e identidad.
En Europa se han recuperado estos barrios para una convivencia civilizada.
Personalmente he participado como consultor externo en el resurgimiento del barrio La Mina en Cataluña (Barcelona). Emprendimiento que era manejado por un grupo mafioso gitano. Se puede generar un cambio en estos barrios. Hubo un trabajo social muy fuerte, una conciencia de toda la comunidad (sólo el 2 o 3% controla al 97% restante que no es criminal) y una efectiva tarea policial y judicial.
Es posible, todavía, generar ciudades a escala humana.
(*) Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia Universidad del Salvador



