En agosto nos dejó para siempre Omar Fischer, un hombre muy vinculado al mundo tuerca, con un amor especial por las motos, las cuales supo arreglar en su taller. Así, la posibilidad de meterse en la competencia lo atrapó y, desde ese lugar, allá por los años 60, armó aquella moto Siam 125 que supo conducir Carlos Gómez. Se la conoció como la popular "garrafa" que provocaba curiosidad cuando la veían correr.
Acompañado de los amigos que supo cosechar en la alta competencia, algo que el propio Omar siempre señalaba: que más allá de correr, esta actividad le dio muchas amistades. Con todos la pasaba muy bien, aunque destacaba su amistad con Luis Alfonso.
Omar tomó además la determinación de armar un karting, que fue el primero de Campana y tuvo a Marino como piloto. Así también marcó un antecedente atractivo en su vida y se convirtió en uno de los tantos muchachos que por aquellos años también escribieron una página del mundo tuerca en la ciudad "Cuna del Primer Automóvil Argentino".
También tenía otros hobbies, como sus salidas a pesar. Eran su cable a tierra, decía. Así recargaba baterías. Su debilidad era el pejerrey. Otra pasión que lo movilizaba era el andar del alemán Michael Schumacher en la Fórmula 1. Aunque también era seguidor del TC, "cuando era otra la categoría", solía decir.
Lamentablemente se fue el 12 de agosto, pero dejó su forma tan agradable de encarar la vida. Aquella cena desarrollada en el Club San Martin, que fue organizada por Atilio Rotondo y reunió a casi todos los muchachos de esa camada, fue motivo de decenas de anécdotas. Y Omar también supo dejar las suyas. Vaya nuestro recuerdo que también nos dejó en esa velada.



