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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 22/ago/2004 de La Auténtica Defensa.

PARALELO TERROR
Fernando Andrioli




Los secuestros extorsivos se han abierto un lugar a empujones dentro de la realidad cotidiana de nuestro país, generando un panorama angustiante a una sociedad que viene siendo golpeada de mil maneras diferentes desde hace más de treinta años.

Lo que parecería ser un hecho meramente policial, criminal en algunos casos; roza firmemente cuestiones políticas y de los sectores de poder de la política argentina, mientras se busca una respuesta a la altura de los acontecimientos desde el sector judicial, legislativo y ejecutivo; generando contrariamente, en muchos casos, enfrentamientos entre diferentes líderes políticos (Solá - Kirchner, por ejemplo) que tratan de explicar lo inexplicable o ensuciarse uno al otro con responsables y culpables, utilizando a la Bonaerense o a la Side como argumentos visibles.

Lo cierto es que el fenómeno de los secuestros no es un hecho nuevo para los argentinos. Durante la década del 70 esta metodología fue utilizada tanto por los grupos llamados ¨Extremistas¨ (secuestro de Aramburu, secuestro de Born; entre otros), algunos con fines económicos y otros con corolario político; como por el ¨Terrorismo de Estado¨, cuando miles de personas fueron literalmente ¨chupadas¨ por milicias paramilitares funcionales a un régimen de horror que torturó, mató y también saqueó a sus víctimas.

¿Puede acaso trazarse un paralelo entre estos dos fenómenos separados por treinta años de diferencia?

Personalmente estimo que sí. Porque más allá de las pobres víctimas actuales, que sufren en carne propia la angustia de ser rehenes de delincuentes que solicitan una recompensa por la vida de una persona, generando un caos familiar que creo que solo quien lo ha vivido conoce los límites psicológicos extremos que se recorren ante esta situación; existe un impacto social (como lo demostró la multitudinaria marcha convocada por Blumberg) que nos retrotrae a el horror de ser nosotros las próximas víctimas, a saber que estamos expuestos y de alguna manera desprotegidos.

Durante la dictadura militar, ese miedo de poder ser ¨Desaparecidos¨, hizo posible que las atrocidades de un Estado enfermo sucedieran ante el silencio de una sociedad que temía las represalias de ¨los Falcon verdes¨. Mientras tanto, los grupos terroristas utilizaban este mismo método para castigar a sus ejecutores y a traves de otras medidas (como la de los atentados) abría el camino para que la dictadura tuviese argumentos ¨mediáticos¨ para justificar su accionar y hasta para que mucha gente dijese: ¨..Por algo será…¨ cuando algún conocido era detenido sin mediar orden judicial alguna. El final, ya todos sabemos cuál fue: treinta mil desaparecidos y el desprestigio ¨in eternum¨ de las Fuerzas Armadas, que mucho hicieron para ganárselo.

Hoy, este fenómeno de secuestros extorsivos genera tanto miedo y terror, que posiblemente nos lleve a políticas extremas de seguridad en todos los órdenes. Medidas que nosotros, la gente común, pediremos a gritos (como ya está sucediendo), tendientes a combatir a estas ¨bandas organizadas¨. Reformas legislativas, judiciales. Mayor accionar policial, Gendarmería y Prefectura en el terreno de la seguridad interna.

Y aquí es donde nace el paralelismo de aquellos años setenta y los actuales: el peligro que los fines justifiquen los medios.

Parece increíble que estos grupos criminales organizados puedan poner en jaque a los mismísmos servicios secretos del Estado. Esto es totalmente inconcebible. Solo sería posible, si dentro de estos grupos, de los cuales solo hemos conocido los nombres de los ejecutores; estén enquistados en sus cabezas pensantes (y recaudadoras) sectores vinculados al mismísimo poder político; que pudieran proteger a la organización.

Hoy, son secuestros con fines económicos; ¿Cuándo comenzarán a actuar con fines cohercitivos o políticos? ¿Cuándo la Ley sea todavía mas extrema, cuanto se nos recortarán nuestras libertades individuales?

La aplicación de métodos represivos sobre los efectos en lugar de trabajar sobre las causas que ocasionan esta oleada de delincuencia, no es la solución. Mayores penas, mas efectivos policiales (paradójicamente sin un exhaustivo análisis desde las mismas bases de la formación y categorización de esta institución, que pide a gritos reformas y no cortes de cabezas solamente), la disminución de la edad de imputabilidad al umbral de los 16 años y cualquier medida ¨extremista¨ en función de mayor protección; no alcanzarán nunca a cubrir las expectativas buscadas y desde mi punto de vista, retroalimenta el actual estado de caos y terror que hoy nos toca vivir.

El otro paralelismo de los 70 con el actual podría trazarse desde el aspecto geográfico: Las dictaduras militares funcionales a el ¨Nuevo Orden¨ económico mundial abrieron paso en todo Latinoamérica a una triste realidad: endeudamiento externo, pérdida de puestos de trabajo y por sobre todo el aniquilamiento de la clase media y de la seguridad social. El miedo ¨marxista¨ fue una buena excusa también para la persecución sindical, sobre las líneas más seria y comprometida con el proletariado.

Es paradójico que el fenómeno ¨Secuestros Extorsivos¨ toque de igual manera a países como México, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia y en menor medida a Chile, Uruguay y Paraguay. ¿Será acaso una casualidad?

¿Restará esperar por ahora qué no nos toque a nosotros? ¿Resguardarse quienes puedan con alguna seguridad privada o en algún barrio cerrado?

Mientras tanto, ahora, en algún lugar quizás no muy lejano de aquí, otro secuestro esté siendo perpetrado y, si por casualidad trasciende, podamos enterarnos a traves de las noticias y seguirlo por TV. La historia continua y parece no tener fin.

Fernando Andrioli

frandrioli@arnet.com.ar


 
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