Luego de 17 años de proscripción y exilio, el 17 de noviembre de 1972, Juan Domingo Perón había vuelto al país. Yo estuve ahí. Lo que tenía que ser una fiesta multitudinaria en Ezeiza, se transformó en un doloroso y lamentable anticipo de lo que vendría.
Eran tiempos difíciles, apasionados y también violentos. "Este viejo adversario despide a un amigo", dijo el líder radical Ricardo Balbín ante el féretro del General apenas un año y medio después. Yo era una piba, pero ahora puedo decir en perspectiva que muchos en ese entonces no entendieron, o no quisieron entender nada. Así nos fue y se pagó con sangre, tortura, exilio, silencio, y miedo generalizado.
Hoy nadie se está jugando literalmente la vida por hacer política, pero la violencia continúa. Y viene de la mano de la pobreza y del hambre: dos flagelos contra los que luchó el peronismo desde su nacimiento. En definitiva, la idea que nos mueve es la de construir un país para todos y todas. No sólo para unos pocos y los demás que se arreglen.
A pesar de que son tiempos difíciles, a pesar de que muchos argentinos están sufriendo los errores y horrores de 4 años de la gestión económica de Macri sumados al daño de la pandemia que estamos transitando, muchos peronistas renovamos las esperanzas y este último 17 de noviembre sentimos la necesidad de conmemorarlo.
A los adversarios y quienes piensan distinto, les aclaro con humildad que no fue un acto de negación o de soberbia. Más bien, y más allá de los errores propios, fue un llamado a la introspección, a la memoria, a recordar de qué estamos hechos, porqué y para qué militamos. Y a mis compañeros, más allá de las diferencias, no puedo más que expresarles agradecimiento por salir a la calle y querer estar ahí. De querer escuchar sonar los bombos, pero de alegría, los que anuncian que algo bueno se está gestando.
Este 17 de noviembre algunos bajamos a los bocinazos por la Av. Rocca y saludamos al busto de José Ignacio Rucci, quien pagó con su vida las ideas que defendía. Otros, eligieron estar en el barrio Lubo donde se rindió homenaje a la figura del querido "Pocho" Sánchez, y por extensión a todos los militantes peronistas de Campana.
Por eso también (y pido disculpas por alguna involuntaria omisión) quiero recordar a tantos que, como el "Pocho", ya no están y con quienes tuve el honor de militar por nuestro Partido y por nuestra querida ciudad, cada uno a su manera, con sus defectos y virtudes.
Alzo al cielo mis dos dedos en Ve por Don Juancito Ghione y Don Alberto Armesto, por "Cholo" Tonani, y "Tito" Jendrulek, por Julio y Julito Armesto. Por Don Armando Melo, "Bocha" Yaquemé, y Pablo Garrido. Por "Lalo" Albornoz, "Tita" Marchisio, Marta Carpi, "Licha" Moyano, y Honoria Chévez. Por Reina y el "Gallego" García. Por Ángel Recúpero, Roberto Díaz (padre), Irene González, Inés Prende y "Tita" Nicrosini. Por Adelina Barrios, Ángel Martín y por mi papá, Eduardo Giroldi.
Por Miguel Gallussi, "Carlitos" Millán, Enzo Almirón, el "Gallo" Marchisio, "Pipín" Acosta, "Pisu" Almirón, y Marinda Rosa Chocobar. Por Mario y "Marito" Di Pietro. Por el "Cabezón" Benítez y su hijo Hernán. Por Rubén Delgado, Ricardo Zapata, Don Eduardo Cataldo y Héctor Trognot. Por el "Negro" Rodríguez, "Chiquitín" Barreto, Hugo el "Panadero" Rodríguez, Don Cascú y Horacio Petrossino. Por Carlos Calle, y el "Chino" Álvarez. Por Carlos Gismundi, Pilar González, Raúl Pradet, Juan José Percocco, y Apolinario "Polincho" Arias.
Por Raúl "el Kin" Orellana, Osmar Osquiguil, Jorge Unamuno y "Cholo" Guaschi. Por Patricio Jordan, Graciela Guaschi, el "Bebe" y Onelia Velázquez. Por "Cholo" Savastano y "Lito" Breglia. Por Don Mario Zapata, Don Pacheco y el "Bebe" Debáz. Por "Cacho" y Julia Tártara. Por el "Flaco" Álvarez, el "Flaco" Martínez y el "Flaco" Piccini. Por Luis López, Mercedes Bertolotti, Raúl Moyano, Ricardo Colombano, Luis Mario Fachino, Nelly Metralle, Raúl Frutos, Alberto Ballesteros y Félix Romay. Por "Picho" Blois y Alicia Gómez…
Y por supuesto, alzo al cielo mis dos dedos en Ve también por Jorge Rubén Varela quien primero fue compañero de militancia y después, como dice la canción, fue "mi amor, mi cómplice y todo".
Compañeros: por todos los que ya no están, por nosotros y por los que vienen, los invito a no bajar los brazos, a renovar las convicciones. Y a la hora de tomar decisiones, los invito siempre a apelar a aquella verdad incuestionable que nos dejó el General: "Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca. En la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres".



