"El neoliberalismo comienza a ser incompatible con la democracia". Esta frase de Jorge Alemán describe claramente por qué pasa lo que pasa en la Argentina. El neoliberalismo no es sólo una doctrina económica sino, fundamentalmente, un proyecto de poder hegemónico.
Y en ese camino de avance para consolidar y ampliar los privilegios de los sectores económicos y políticos dominantes, la conducta democrática es un límite que parecen ya no aceptar. Cada día vemos actitudes más antidemocráticas de una derecha neofascista que, enarbolando el discurso de la República, quiere imponer a un gobierno legítimamente elegido por el pueblo conductas que preserven sus privilegios y, de ser posible, desestabilizar al sistema, como vimos en otros países de nuestra región.
La primera obligación que impone el respeto a la democracia es reconocer el mandato popular y cumplir cada uno su rol en pos del bien común. Los escraches, las "fake news", los planteos apocalípticos son los mecanismos que usan quienes no respetan el debate en los ámbitos democráticos.
Quienes tenemos un compromiso con la democracia, no sólo como mecanismo electoral sino fundamentalmente como sistema de vida en tolerancia que permita la convivencia y realizar los objetivos de libertad e igualdad (también de oportunidades), no podemos menos que repudiar estas conductas que, conforme pasan los meses, se hacen más evidentes desde la oposición, que no entiende el momento histórico que vivimos.
El año pasado hubo una elección, y surgió un nuevo gobierno. Hubo dos o tres meses de puesta en marcha, sosteniendo con un discurso correcto de reacomodar la economía para defender el trabajo, la producción, la exportación. Eran los famosos 100 días de transición, y aparece la pandemia del COVID 19.
Es entonces que el gobierno hace un planteo razonable y dice: Señores este es un problema de todos, trabajemos en conjunto. A partir de ahí, después de una primera etapa en la que parecía que la política de confrontación y electoralista se había puesto en un costado, comenzamos a transitar un camino de acuerdo en cuestiones básicas que la sociedad necesitaba.
Pasados dos meses de declarado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, comenzó un bombardeo desde algunos sectores de la oposición -no todos hay que reconocerlo- a través del cual se trata de instalar que cualquier cosa que haga el gobierno está mal. Para un lado, o para el otro. De hecho, se llegaron a criticar algunas cuestiones y cuando hubo rectificaciones, también se criticó porque se había cambiado el criterio.
Esto se da a partir de una mera y mezquina especulación política, privilegiando la diferenciación con miras a la elección legislativa de este año y sin hacerse cargo de que entregaron el mandato con 2,5 millones de nuevos pobres, 30 mil PyMEs que bajaron sus persianas, una inflación del 54%, una fenomenal deuda tomada con vencimientos incumplibles, y siguen las firmas.
Tanto es así, que se pretende instalar en el humor social que las consecuencias de la pandemia son responsabilidad del Gobierno y no de la pandemia en sí, cuando sabemos que la recesión económica tuvo lugar en todo el mundo, incluyendo a países centrales que intentaron minimizar la utilidad sanitaria de la cuarentena y pagaron su estrategia con miles de contagios y vidas.
Lo lamentable de todo esto es que ese discurso opositor no se construyó ni construye de buena fe, e incluso es funcional a sus propias internas: Bullrich necesita posicionarse frente a Larreta; Macri también salió a relanzar un liderazgo que ya no posee y difícilmente recupere… En definitiva, una gran irresponsabilidad por parte de Juntos por el Cambio que en lugar de discutir realmente los temas de la política para tratar de mejorar algunas decisiones del gobierno, fueron por el desgaste y el fracaso de la actual gestión. Y lo que no se termina de entender es que en medio de una crisis, si fracasa el gobierno que sea, fracasa la sociedad Argentina en su conjunto. Es decir, todos.
Lo singular es que el tiempo le va dando la razón al gobierno: cuando Alberto Fernández gana las PASO rumbo a la General, el planteo de Juntos por el Cambio era que si Fernández ganaba la presidencia, la Argentina iba al Default, cuando el Default lo generaron ellos mismos tomando una deuda impagable con el FMI y con los fondos de inversión. Lo llamaron reperfilamiento, neologismo amarillo para suavizar comunicacionalmente el Default virtual.
Contrariamente al eso, el nuevo gobierno encaró y cerró una negociación al menos razonable para algunos, y más que exitosa otros, mientras desde la oposición se salía a decir que el Ministro Guzmán era un improvisado e incapaz de llevar adelante un acuerdo. Siempre apostando al fracaso, incluso se llegó a pronosticar hiperinflación. Sin embargo, se bajaron 20 puntos respecto al año anterior, y en plena crisis. Y esto nadie lo dice ni lo reconoce.
En el medio de la pandemia se generó el IFE, se pagaron los sueldos de decenas de miles de trabajadores de empresas privadas entre otras medidas contracíclicas, con un Estado presente, asumiendo su rol. En vez de acompañar la emergencia y excepcionalidad, se pegó nuevamente diciendo que generaba déficit fiscal. Y cuando se retira el IFE, como la intensión es sólo pegar, el planteo pasó por que en diciembre iba a haber saqueos. Sombrío pronóstico que tampoco sucedió.
Mientras tanto, se apostó a la producción y se logró pasar de una tasa bancaria del 75 a una del 24% para las empresas y particulares, algo más que razonable en el contexto económico que nos movemos. La recuperación económica es evidente, los niveles de reinversión también. Eso tampoco se difunde mucho en los medios.
Otro triste ejemplo ha sido la demonización de las vacunas rusas. En un mundo en el cual no hay disponibilidad de vacunas, que la Argentina haya generado acuerdos que le permitan estar pensando que en los próximos 60 días va a disponer no sólo varios millones de la Spudnik, sino que también algunos millones de dosis de la Moderna y de la Astrazéneca es evidencia de una estrategia amplia y certera en esta cuestión.
Cualquier persona medianamente informada por los medios de comunicación internacionales, sabe que Rusia tiene una en virología y de generación de vacunas efectivas de más de 100 años. En todo caso, por una cuestión geopolítica, esta vacuna se está aplicando en varios países de la esfera rusa y no de la esfera eurocéntrica. Y aun así, hay un acercamiento de Alemania nada menos, para acordar una provisión de la Spudnik… Como sea, pareciera que desde la oposición hay una búsqueda permanente del desaliento hacia población, y que fracasen las políticas del gobierno, sean cuales fueren.
Lamentablemente, hay una parte de esa población que cree en este discurso malintencionado, que además es amplificado por medios de comunicación, también, controlados por quienes son representados en la arena política por Juntos por el Cambio: los capitales concentrados, los medios hegemónicos, los intereses financieros.
Así las cosas, el actual gobierno carga con dos problemas: la crisis que tuvo y tiene que enfrentar pandemia incluida, y una oposición que no se hace cargo de lo que dejó, que no intenta sumar sino más bien instalar incertidumbre y descrédito en función de sus apetencias electorales.
Planteado este escenario, se hace evidente que la política en la Argentina ha perdido el rumbo. Hacer política debería pasar por pensar cuáles son los problemas centrales de la gente y cómo se resuelven, con una oposición que plantee posiciones constructivas de cara a un país inclusivo, que prospere en beneficio de todos y no de sólo unos pocos.
Casi 40 años después de reestablecida la democracia, los mismos enemigos que enfrentó Raúl Alfonsín, son los que enfrenta este gobierno. Esto, al menos para mí, lo dice todo.
Alberto Giordanelli - Espacio de Pensamiento Alfonsinista



