Como sucede en todo el mundo el operativo vacunación encarado por el estado sufre de esperables demoras debido al retraso en la provisión por parte de los laboratorios de las dosis que se comprometieron a entregar porque la demanda de vacunas es de tal magnitud que ha desbordado sus capacidades de producción.
Esta dificultad se observa con todos los laboratorios cuyas vacunas ya han sido aprobadas y nuestro país no es la excepción dado el fracaso de la furibunda campaña anti vacuna especialmente contra la Sputnik V maliciosamente rebautizada por la prensa canalla como "vacuna rusa".
Una vez más la realidad ha desarmado esa campaña al comprobarse las virtudes de la vacuna en cuanto a seguridad y eficacia al haberse vacunado a más de 300 mil compatriotas del sistema de salud. La gente no se deja arriar fácilmente como lo demuestra la enorme cantidad de personas que ya se han anotado para ser los próximos en vacunarse.
Resulta llamativa la escasa información sobre la vacuna Soberana02 desarrollada por los cubanos que ya está en su Fase 3 con excelentes resultados y que cuando en muy poco tiempo se apruebe será destinada a los países con dificultades económicas sin acceso a las vacunas ya aprobadas.
Recordemos que Cuba desarrolló una excelente vacuna contra la meningitis que se utilizó en nuestro país con una eficacia enorme.
Como sucede desde hace mucho tiempo Cuba nos demuestra que es posible resignar ganancias cuando de solidaridad se trata y no es sólo una proclama publicitaria.
Mientras la mayoría de la población espera ansiosa poder vacunarse vemos como día a día el poder de compra de sus ingresos se va deteriorando a pasos agigantados y el desempleo ha alcanzado niveles incompatibles con una sociedad que se precie de democrática condenando a gran parte de nuestra población a situaciones de pobreza sin que aparezca una vacuna que los haga inmune a esa otra pandemia.
Es especialmente preocupante que los precios de los alimentos de consumo masivo se hayan incrementado incluso por encima de la inflación que ya de por sí es muy alta.
Los productores de granos y carne pretenden que los argentinos paguemos por sus productos los mismos precios que los mercados extranjeros sin tener en cuenta la gran distancia existente entre los salarios cobrados por la mayoría de la población en nuestro país con los cobrados en los países denominados del primer mundo.
Una vez más comprobamos que la tan publicitada solidaridad de los argentinos no alcanza a los más favorecidos por este sistema económico quienes con tal de poder mantener y si es posible incrementar sus índices de rentabilidad poco les importa la suerte de sus compatriotas, principalmente de los que menos tienen.
Sabido es que si queremos que nuestra economía crezca se debe fortalecer el mercado interno para lo cual es imprescindible aumentar la demanda y por lo tanto los salarios. Si sólo se apuesta a las exportaciones estaremos construyendo un país para un minoría que es la de siempre.
Esta determinación de los grupos económicos concentrados de no aceptar ningún tipo de restricciones a su afán de ganar lo que quieran se pone de manifiesto en la renuencia a aceptar acuerdos que limiten esa pretensión. Esto quedó demostrado en la negociación para asegurar la provisión local de maíz y más recientemente en el insuficiente acuerdo de precios para algunos cortes de carne que en realidad beneficiará a muchos menos de los que lo necesitan.
Como una muestra más de las dificultades de un gobierno que cree poder convencerlos de que ganen un poco menos la Ley de Aporte Solidario y Extraordinario de las grandes fortunas para paliar los efectos económicos de la pandemia tardó una eternidad en ser aprobada y recién se promulgó dos meses después.



