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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/ene/2021 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
"Okupas" de tierras vírgenes
Por Néstor Bueri







Néstor Bueri

Caminando por las calles del barrio me preguntaba cuántas veces bajé y subí esos cordones para llegar a la canchita que esperaba mansa y tranquila la alegría de muchos como yo. A veces, esas tres cuadras se hacían kilómetros en el apuro y la ansiedad. Había tanto potrero como días de clase; y aún más: a veces no había clases, pero sí potrero, pero sí amigos.

En la canchita que ya tenía arcos de caño, la libertad de creación no se ocultaba, toda una manzana libre era nuestra. Éramos dueños sin boleto de compra-venta y sin escritura cara. Tal es así que un día descubrimos que sobre el córner estaba levantándose una casa. Las varillas número ocho desaparecieron, las maderas de futuros cimientos también, de la misma manera que quedaron perdidos unos ladrillos que habían osado ubicarse sobre el lateral que tenía que hacer rápido porque el contraataque así lo indicaba.

Fuimos los primeros "Okupas" infantiles de baldíos simples, pero infinitos, para jugar a la pelota. Esa tierra virgen aun no descubierta por ningún colonialista extranjero nos pertenecía, la cuidábamos y defendíamos.

Pasaron varias décadas y los niños han perdido algunas características y habilidades que antes se aprendían de tanto correr, jugar y divertirse en horas interminables en una canchita del barrio. Hoy los niños van a escuelas de fútbol, quizás tres horas por semana, lo que hace doce horas al mes. En el potrero eso nos llevaba dos días. O tres como mucho.

Una mañana de domingo, Don Cazador esperaba su diario mañanero, pero en el camino nos detuvimos a un juego de memoria rápida. El diario tenía las formaciones de todos los equipos que disputaban la fecha del Campeonato Metropolitano Argentino, uno decía el nombre del jugador y el resto adivinaba a qué equipo pertenecía. Seguramente no fallábamos: de corrido podíamos decir la formación de casi todos. Hoy, alguien se sorprende si un niño sabe los nombres, pero esa enciclopedia futbolera la logra jugando en un living al FIFA o al PES 2021.

Nos juntábamos en la canchita para crear las copias que vimos en los pocos partidos que se pasaban por la tele, era un ir y venir constante buscando el mejor lugar para la diversión. Hoy se mueven parsimoniosamente buscando señal para sus celulares caros.

El potrero, el fiel y leal potrero, compañero infaltable y necesario de tanta creación libre, ha desaparecido por estas realidades que se juntan en la modernidad inmobiliaria, el avance de la tecnológica y la realidad social. Mi canchita vive debajo de varias paredes y cocinas lujosas, en el desinterés creativo de una Play Station y en el desamparo que brinda una sociedad miedosa de que sus hijos puedan ser víctimas de la inseguridad con tantas horas en la calle.

El mundo ha cambiado, la sociedad cambia constantemente a cada año. Alguien dice: "Este proceso de cambio tiene consecuencias directas para el ADN futbolero, que mutó y no volverá a manifestar el mismo linaje".

Los que disfrutamos del potrero o la canchita del barrio sabemos que hoy no volverá, que ya pasó su tiempo de enseñanza, que seguramente podemos ver niños jugando a la pelota en la calle, pero el potrero del barrio era mucho más que eso, era mucho más que varios amigos jugando.

Subí y bajé cordones camino a la canchita que ya no está, caminé las calles que aun guardan huellas de zapatillas desatadas y gastadas. El tiempo pasa tan rápido que no da tiempo a recuerdos.

¡Hasta la próxima!

Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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