Contraviniendo la ley Jesús toma contacto y sana a un leproso: verdadero excluido social en esos tiempos. Más allá del milagro, el gesto encierra varias enseñanzas.
Hoy, 6to. domingo del Tiempo Ordinario de la iglesia Católica, corresponde la lectura del Evangelio de San Marcos, Capítulo 1, versículos del 40 al 45. "Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: ´Si quieres, puedes purificarme´. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: ´Lo quiero, queda purificado´. Enseguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: ´No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio´. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes".
Encontramos a Jesús ya itinerando por los poblados de Galilea. Se enfrenta con un enfermo de Lepra, mal considerado entonces un castigo de Dios. De hecho, la ley prohibía acercarse a un enfermo de este tipo bajo pena de muerte.
"Para entender la escena -explica el sacerdote Rufino Giménez- hay que saber que en ese entonces el enfermo de Lepra, además de sobrellevar el sufrimiento de su dolencia, debía cargar con el estigma de ser señalado como pecador. Más que un enfermo, era un verdadero excluido social. Esto también se ve en el Capítulo 13 del Levítico, en el Antiguo Testamento. Para los sacerdotes judíos, un leproso era en realidad un muerto en vida que no merecía más atención, ni compasión. La ley prohibía tocar al sospechoso de Lepra por 40 días, hasta que se demostrase lo contrario. En este condicio-nante contexto, rompiendo todo muro social y religioso, un leproso se acerca a Jesús, y se arrodilla a sus pies. Le expresa su fe y sumisión: "Si quieres, puedes curarme", le dice. Atención: no le pide ni le reclama, lo deja a su consideración. Esa es la actitud con la que tenemos que hablarle al Señor. Después, en relación a cómo eran tratados los leprosos, Jesús se encuentra en la encrucijada de someterse a la ley del Antiguo Testamento o servir, sanando al que está dispuesto. Su motivación es la compasión y la ternura, y transgrede de forma deliberada y hasta provocativa la norma religiosa y legal vigente. Una vez más, vemos también el quiebre entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, la renovación del mensaje y lo que llamamos la Nueva Alianza que Dios sella con la humanidad".
"Al curar al leproso, Jesús manifiesta al menos dos claras señales: la primera es que reintegra a la sociedad a un marginado, lo incluye. Después, muestra su poder divino por medio de la sanación propiamente dicha. Entonces, este hombre rescatado, pasa de la soledad a la compañía, de la marginación a la incorporación. ¿Por qué Jesús tocó al leproso? Para mostrar que todas las cosas son limpias para el limpio. Para mostrar su humildad también, y enseñarnos a no despreciar a nadie… a no odiar, ni juzgar. Al extender la mano y curarlo se manifiesta lo divino y lo humano. Jesús lo toca, y se transforma en persona humanizada y liberada. Si estamos abiertos y receptivos a su poder, Él podrá obrar en nosotros. ¿Y cómo lo estaremos si no creemos? Bien, para eso están las 5 prácticas que la Virgen nos pide y de las cuales hablamos el domingo anterior: Rezar el Rosario; leer la Biblia; el Ayuno; la Confesión; y la Eucaristía", concluye el sacerdote Rogacionista.



