Sin duda este 2021 es un año particular durante el cual tendremos las elecciones de medio término y gracias a la vacuna se vislumbra la posibilidad cierta de conseguir la tan ansiada inmunidad comunitaria y así finalizar con las restricciones que la pandemia impone.
En este contexto las elites económicas que notoriamente son la verdadera oposición a cualquier gobierno que intente limitar sus privilegios son conscientes que deben evitar que el actual gobierno obtenga buenos resultados obligándolo de esa manera a acordar con ellos bajo sus condiciones.
Como es notorio estos grupos económicos concentrados cuentan con la pertinaz colaboración de buena parte de la oposición política, los grandes medios de comunicación y un sector del poder judicial cuya obsecuencia vergonzante se les nota demasiado.
Ante el fracaso de las sucesivas campañas anti-cuarentena, anti-vacunas y anti-Sputnik V es lógico que estén al acecho de cualquier traspié del gobierno para saltarle a la yugular buscando causar el mayor deterioro posible sin importarles los daños colaterales que pueden ocasionar.
La confesión de parte que hiciera el periodista Horacio Verbitsky en un programa radial revelando la persistencia del antiquísimo amiguismo que le permitió vacunarse salteando el orden previsto les brindó la oportunidad que estaban esperando y se desató un verdadero festival de denuncias que en su mayoría demostraron ser falsas.
Tengamos en cuenta que no tuvieron el mismo trato las declaraciones del gobernador de Jujuy Gerardo Morales de Cambiemos denunciando una enorme cantidad de situaciones análogas en su provincia.
Lamentablemente todo indica que todavía no se ha encontrado una vacuna contra el virus del amiguismo que sea segura y eficaz pero sí sabemos que el necesario control ciudadano funciona cuando se lo aplica correctamente.
Demás está decir que aunque no sorprende demasiado lo ocurrido es altamente repudiable y es comprensible la indignación que produce. Lo que es difícil de entender es la razón por qué no causan el mismo estupor los viajes al exterior para vacunarse que dejan a algún habitante de ese país sin poder inmunizarse cuando le corresponde.
Parecería que en el mejor de los casos el humanismo de los acusadores llega hasta nuestras fronteras y en muchos casos sólo hasta la General Paz.
Es realmente escandalosa la determinación del gobierno de la ciudad de Buenos Aires de entregar vacunas compradas por la nación a distintas medicinas prepagas y obras sociales para ser aplicadas exclusivamente a sus afiliados lo que constituye una verdadera privatización de la vacunación.
Este desvío de las dosis es una nueva demostración de lo lejos que están de querer achicar las desigualdades sociales y la determinación de ese espacio político de poner al estado al servicio de la actividad privada en desmedro de los sectores más postergados.
¿Hablarán ahora de los que cayeron en la salud pública por ser pobres y no haber hecho los méritos suficientes?
No debemos olvidar que el problema de fondo es la profunda desigualdad existente entre los países para poder conseguir las vacunas que al ser en casi su totalidad laboratorios privados quienes las producen tienen en cuenta las billeteras y no las necesidades y como sucede normalmente se abusan por ser la demanda muy superior a la oferta.
Es realmente preocupante el rol que han asumido los medios hegemónicos de comunicación que remite a la famosa frase atribuida al magnate sensacionalista norteamericano William Randolph Hearst: "Nunca dejes que la verdad te arruine un buen título".
El poder judicial que se mete en todo aunque no lo llamen debería ver si la conducta de la prensa canalla no es un caso de "real malicia", es decir que se difunde una falsedad conociendo previamente que no es verdad con perversa intensión y que está en las antípodas de la libertad de prensa.



