Es común poner a la dirigencia política como el máximo responsable del retroceso que vive en diferentes aspectos nuestra sociedad. No creo que sea una mirada muy equivocada. Es más, está probado en nuestro país que sólo las leyes que se aprueban por un consenso que involucre a más de un sector político logran consolidarse en el tiempo. Todas las restantes medidas impuestas por una mayoría circunstancial, y con un debate fuerte entre las diferentes posiciones, siempre terminan volviendo a ser discutidas, luego del cambio de gobierno.
Si tenemos en cuenta que en nuestro país, desde el año 2009 hasta acá, la mayoría de las leyes sustanciales que modificaron algún aspecto esencial de nuestro país salieron con el acompañamiento de la mayoría circunstancial; eso explica ciertamente una de las razones (para mí la más importante) por las cuales nuestro país todavía no logra retomar una senda de desarrollo y crecimiento. Un claro ejemplo, fue el repunte -luego de la explosión de la convertibilidad en el 2001- en la primera década del tercer milenio que se reflejaba en el trabajo consensuado de diferentes partidos políticos hasta el "voto no positivo". A partir de allí, comenzó nuevamente una caída leve en un principio, y que cada vez se hace sentir más en la macroeconomía, y en el bolsillo también (microeco-nomía). Para evitar esa caída constante, hay que salir del constante reproche personal hacia "el otro", responsabilizando de las culpas siempre a los demás. Es imperioso para salir adelante en la economía, que la dirigencia política transmita confianza a nuestros ciudadanos de que no van a buscar "culpables" de los errores sino que pueden obtener "soluciones" que se obtengan con amplios apoyos políticos para mostrar un camino, del cual no podemos dejar de transitar.
Los consensos son el ideal, no hay que resignarse a conseguirlos y mantener el equilibrio entre las fuerzas políticas que aseguren la democracia y la participación de todos, más allá del circunstancial ganador. Necesitamos aprender eso.
Creo que la mezquindad actual de nuestra dirigencia, es fomentada por "la grieta"; y es la máxima responsable de que no encontremos posibilidades de desarrollo más previsible a mediano y largo plazo, donde los líderes de los diferentes sectores no tengan diferenciales personales y tampoco abusen del poder -para quitar de la escena a los potenciales reemplazantes por ejemplo- , y por otra parte, necesitamos también que los líderes entiendan que su trabajo es periódico y tiene una fecha de finalización conocida desde su propio inicio.
Ese tipo de actitudes por parte de los dirigentes genera involución, se puede reflejar fácilmente cuando comparamos nuestro país con los países de la región. Quien tuvo la posibilidad de viajar a Brasil o Perú por solo nombrar algunos países en la década del ´90 y ahora, podrá ver la gran diferencia en el desarrollo que tuvieron esos países en el mismo período en el que nosotros involucionamos; y mencionó dos países con gobiernos de diferente ideología política en las últimas décadas, para entender que no es la discusión de si estamos en el Grupo de Lima o no, la única razón por la cual nuestro país cae en la decadencia o logra el salir del subdesarrollo, sino que somos nosotros, nuestros dirigentes y las decisiones que tomemos quienes pueden llevarnos a esos lugares.
Lo que nos pasa, se puede modificar sólo con mayor compromiso con objetivos comunes y posicionando a dirigentes que tengan la capacidad para liderar esos objetivos comunes. Si seguimos teniendo dirigentes que definan la política en base a la necesidad electoral o individual del poder de turno, en lugar de definir nuestro destino en favor de promover el bienestar general para nosotros y para nuestra posteridad; directamente no tenemos futuro.
En nuestra ciudad, desde hace mucho tiempo vengo señalando como Campana ha quedado atrás de otras ciudades como Escobar o Zárate, donde sus líderes han desarrollado sus espacios urbanos en poco tiempo posicionándose mejor que nosotros en ciertos aspectos y en la imagen también; cuando en realidad Campana -nuestra ciudad- siempre fue identificada como una ciudad modelo en esta parte de la zona norte.
Creo que esto también es producto de que, en nuestra ciudad también hace falta tener una estrategia comunitaria de nuestros objetivos comunes, que nos determine hacia dónde vamos y que integre todas las miradas locales, y que sea pública conocida por todos.
Deseo que Campana pueda ser el ejemplo de la nueva dirigencia que necesitamos; y que este año electoral podamos también tener opciones que representen ese mismo propósito.



