Las actuales circunstancias de evolución de la pandemia nos imponen extremar los cuidados y no bajar los brazos. A su vez originaron una nueva serie de restricciones.
Se ha resuelto desde el marco nacional volver a concentrar restricciones en lo social, educativo y también en lo económico. Este panorama nos lleva a tener que convivir con el virus con las herramientas que contamos y una vez más, centrar nuestros esfuerzos en sortear las vicisitudes que imponen estas restricciones.
La educación estaría ocupando una posición de puja política. Reiteradas veces hemos recepcionado las advertencias de los organismos internacionales (Unesco, Banco Mundial, Cippec entre otros) respecto a las consecuencias mediatas y futuras de la "pobreza educativa". Pobreza que se traduce en crecimiento económico y social.
La presencialidad educativa en los sectores inicial y primario, según estudios de evidencia internacional a través de trabajos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), no seria, con los cuidados necesarios, focos importantes de infección.
Estudios de Alemania, Australia, Estados Unidos, Francia, Irlanda y Singapur muestran poca evidencia del "ataque secundario", es decir, de la transmisión a la familia después de la detección del caso en la escuela y, por ende, se presume que la fuente del paciente inicial o el caso cero, no es la escuela. El dictamen del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) destaca la evidencia internacional disponible que denota que "en las escuelas no se potencian los casos de COVID".
El diálogo y el consenso resultan fundamentales para poder mitigar, de alguna manera, esta época que nos toca transitar, concentrándonos en la resolución de los multiples desafíos que plantea el contexto actual.
Sergio Roses, Contacto: espacioplural@outlook.com



