El piloto campanense, que se prepara para una nueva fecha de la Clase 2 de ALMA, repasa el aprendizaje que atravesó junto a su padre para llegar a esta oportunidad y cómo está viviendo su incursión en la alta competencia.
Calle Urquiza al 70. Allí se encuentra el taller donde se realizan todos los trabajos en el auto de Agostino Giordano, quien repasa una y otra vez el panorama para no dejar nada librado al azar de cara a la carrera del fin de semana en el autódromo Roberto Mouras de La Plata, donde se presentará en la Clase 2 de la categoría ALMA.
-¿Cómo es la situación acá en el taller?
-Está claro que esto que vos ves aquí es todo de papá. De hecho, es su fuente de trabajo y dentro de este contexto tengo mi lugar para trabajar en el auto, lo que me permite tener ese espacio bien definido.
-Pero hubo una historia previa para que vos no solo estés aquí, sino también para subirte al auto de carrera.
-Jajaja… Mi viejo un día me hizo saber que, si quería correr, el auto estaba ahí y que podía empezar si tenía ganas de arrancar. Él nunca dudó en prestármelo y si bien él lo corría en su momento, estaba contento que yo me subiera. Y la verdad es que me gustó. Vos me conoces de chiquito, cuando iba a todas las carreras a verlo a papá. Y en lo personal anduve en karting o en motocross, pero nunca en la alta competencia. Así que esto era un desafío para mí y me entusiasmé de verdad. Pero cuando me decidí, ahí vino la segunda parte de la historia.
-¿Cómo fue esa segunda parte?
-De entrada, papá me puso los puntos, fue muy en claro. Me dijo: "Si te gusta correr, hacete cargo entonces de armar, trabajar y dedicarle tiempo al auto. Es la única chance que tenés para correr, a mí no me vengas con el casco el finde de carrera para subirte al auto. Esto te lo tenés que ganar en la semana". Duro, pero lo entendí. Y te digo algo: uno va encariñándose con el vehículo.
-¿Y cómo fueron esas primeras pruebas?
-Me encantó enseguida y de a poco le fui tomando la mano al auto. Estoy contento de poder estar haciendo esto que tanto me gusta. Sé también que, más allá que ya estoy corriendo en la categoría, todo esto es experiencia para mí.
-La Clase 2 de ALMA está competitiva.
-Sí, de eso no hay dudas. Yo voy de a poco, metiéndome en la posibilidad de estar a la altura de las circunstancias. Para mí, esto es empezar a recorrer un camino en el que debo afianzarme con el auto, tomar referencias, conocer los autódromos. Y como hablamos en el taller, eso se paga cuando comenzás como yo, pero es la única que te queda. Tengo que ir de a poco, me dicen que voy mejorando y, bueno, estamos entre los diez. Todavía tengo tiempo para seguir creciendo, sé que una carrera no se gana en la primera curva o cuando se larga, porque tenés muchas vueltas para irte para adelante. No me debo desesperar.
-¿Y cómo es correr con papá?
-Vamos con todas las intenciones de funcionar bien, supongo que arrancaré yo, aunque no está hablado en qué forma. Pero está bueno hacer este gran premio con papá. Además, él me aconseja siempre e intento hacerle caso. Yo soy de escucharlo, pero a veces lo tenés que resolver vos la situación en plena carrera. Igual, casi nunca se equivoca. Creo que en una carrera de este tipo lo importante es pasarla bien y si nos traemos un buen resultado, mucho mejor.
-Armaron un buen equipo.
-Sí, eso es cierto. Tenemos motores de Enrique Bustos y el chasis a cargo de Juan Sbarra, algo que nos permite estar tranquilos desde ese lugar. Eso más mis aportes en el taller, jajaja… No sabés cómo lo limpio y lo dejo para la venta, je.
-¿A quién van los agradecimientos por este presente?
-Déjame que agradezca a todos los que nos ayudan, a mis sponsors y a mi familia, a quienes me siguen para ver cómo ando; al abuelo Enrique, que los días de carrera me llama por teléfono a cada rato para ver cómo ando; a mis tías, que me prometieron un regalo que todavía no llegó, pero sobre el que no pierdo las esperanzas; a los muchachos del taller; y a mi viejo, que está en todo y ya me hizo entender que en la vida, cuando queres algo, te lo tenes que ganar; y a mi hermano, que al final no quiso correr. Y, por supuesto, a toda esa gente que suele venir a las comidas para acompañarnos.
AGOSTINO, EL AUTO Y UNA SONRISA: “ESTOY CONTENTO DE PODER ESTAR HACIENDO ESTO QUE TANTO ME GUSTA", ASEGURA.



