En esta dolorosa circunstancia de vida, que es la pérdida de un ser amado, Padre, esposo, abuelo; Mario para muchos que lo quisimos; me he decidido a escribir y reflexionar sobre el arte de curar en los momentos culminantes de una vida. Tema que no me es para nada indiferente.
La cura, asistencia y alivio a la persona enferma, desvalida de salud y desesperada frente a la conciencia de malestar y finitud, me hizo recordar y releer el juramento de Hipócrates.
Sin ser médica, pero creciendo en una familia de médicos (Tío Abuelo, tíos, hermana y primos); las charlas sobre el buen acto médico, el buen trato personal y las buenas maneras siempre fueron principios éticos que me marcaron y coinciden plenamente con el juramento que los noveles médicos realizan al inicio de su práctica; que constituye… "Una invocación a Dios, o a aquello que cada cual considere como más alto y sagrado en su fuero moral, como testimonio del compromiso que contraéis para siempre. Compromiso solemne a consagrar nuestra vida al servicio de la humanidad."
Uno de los principios fundamentales es hacer de la salud y de la vida de nuestro enfermo la primera de nuestras preocupaciones. Este principio significa que la salud del enfermo es Ley Suprema.
De aquí se desprenden muchas conductas. Entre todas, espero, que el Entendimiento y Comprensión de un ser que sufre es fundamental para la recuperación. Y cuando la recuperación de la salud integral ya no es un bien posible, se le debe dar prioridad por todos los medios que exigieren a reconfortar, a calmar dolores y a consolar a aquel que sabe de su final, como a la familia que vive a la par el dolor de momentos tan fundamentales y desesperantes.
Quise Compartir y dirigir estas pocas palabras y reflexión con aquellos que participaron de estos dos últimos días de Mario y su familia.
CAROLINA AHUMADA
DNI 20585896
Hipócrates. Imagen ilustrativa selección del editor.



