La salud prendió la alarma. La semana pasada se llegaron a picos de 30 mil personas contagiadas por día, lo que puede suponer un colapso del sistema sanitario. Ante esa situación, el Presidente con los gobernadores anunciaron la vuelta a la Fase 1 de todas las ciudades que se encuentren en situación de alarma o alto riesgo sanitario.
Con las nuevas restricciones anunciadas, la educación deja de ser presencial, y la economía de muchos argentinos vuelve otra vez a sufrir. En particular, muchos emprendedores, comerciantes y trabajadores por cuenta propia pueden llegar a sucumbir en este período, en caso de ser más extenso de una semana, como se planteó el día jueves.
Toda este sector afectado de clase media, clase media trabajadora y clase trabajadora ya sufrió en el 2020 la inactividad; en ese período parte de la clase media debió tomar créditos, endeudarse o gastarse los ahorros de muchos años de trabajo para poder subsistir el tiempo de aislamiento; y por otra parte, la clase trabajadora fue asistida a través de los ATP o IFE, y otros programas sociales que colaboraron con el sostenimiento de las familias que no podían trabajar o conseguir empleo.
El período de aislamiento del 2020 fue destinado, entre otras cosas, a la inversión de las camas en los Hospitales Públicos, y demás sanatorios privados para agregar las necesarias y suficientes para evitar el colapso del sistema de salud.
Durante el año 2021 la Argentina volvió a la casi normalidad en varios poblados, o mantuvo fases que permitían ejercer la mayoría de las actividades, con lo cual la economía en este año comenzaba a tener indicadores más positivos con relación al año pasado.
Es real que la situación sanitaria es compleja en este momento, y también es real que los sanatorios públicos y privados están a tope; sin embargo, haber llegado a esta situación luego de un año del inicio de la pandemia, habla también de un error en la planificación del manejo de la cuestión sanitaria que vuelve afectar la educación, la economía y otras libertades.
Analizando la cuestión, y teniendo en cuenta que se trata de un año electoral, también me resulta alarmante que nos vuelvan a todos a una fase inicial, porque vuelven a restringir nuestras libertades en un contexto donde la división de poderes no se aplica, porque se gobierna con Decretos de Necesidad y Urgencia o leyes de emergencia con poderes delegados.
El contexto electoral hace ruido en las medidas de restricción que nos devuelven a la fase inicial, porque vuelve a someter a casi toda la población a la ayuda económica o social programada desde el Poder Ejecutivo Nacional. Es decir, en momentos en que la población se estaba levantando del mal año anterior y empezaba a ver la luz al final del camino, encuentra otra vez este freno que en muchos casos, resulta ser fatal para muchos trabajadores por cuenta propia, fundamentalmente si el parate es mayor a una semana, tal como se anuncia EN OFF PASILLOS, donde la realidad indicaría que el encierro se estiraría a 21 días con suerte si los contagios disminuyen en la cantidad esperada.
En ese sentido, en lo que va del año el gobierno nacional ya utilizó la mitad del presupuesto anual destinado al gasto social, un total de 800 millones de pesos. Con las medidas anunciadas por el gobierno, los planes y la ayuda económica obviamente se tendrá que multiplicar, dado que la situación continuará siendo de apremio para muchas familias.
En definitiva, las medidas de contención y ayuda son necesarias y siempre son bienvenidas en situaciones como éstas; pero lo ideal desde mi punto de vista es que esas ayudas sean transitorias y no definitivas. Habría sido mejor para el 2021 -como año electoral- que se haya efectuado una evaluación y una planificación adecuada para que no falten camas en los sanatorios públicos y privados, y que se haya fomentado el trabajo y la capacitación de los argentinos; de manera que no haya sido necesario encerrarnos nuevamente y podamos sostener el crecimiento que se percibió en los meses anteriores.
El año electoral combinado con el encierro, los montos exorbitantes destinados a programas sociales, y una economía sin perspectiva; puede producir mucha asfixia y dependencia que espero no gravite contra la democracia y la participación.



