La ordenanza recientemente sancionada por el HCD presentada por el concejal Meiraldi y aprobada por unanimidad es un excelente ejemplo de que el resquebrajamiento y las grietas que signan la política a nivel nacional no tienen cabida cuando se trata de temas ambientales que afectan transversalmente a todos los vecinos de la ciudad. Es que las comunidades locales se caracterizan porque los vínculos familiares, que suelen ser numerosos, se complementan con que los vecinos se reconocen en el supermercado o a la salida de las escuelas. Quien no es pariente o familiar o compañero de trabajo quizás haya sido compañero de escuela y todas estas circunstancias hacen a un tejido social que se refuerza en las interacciones. Esas interacciones hacen la ciudad. Y en función de una determinada escala humana que favorece la interacción la ciudad se vuelve más amable que las grandes aglomeraciones urbanas en las que la ciudadanía se construye en una multitud de anónimos.
Por supuesto que aplaudo la sanción de esta ordenanza y felicito a su autor como así también al resto de los concejales, sin embargo quisiera dar una vuelta de tuerca más al tema. Es cierto que el arbolado urbano tiene virtudes como la de secuestrar carbono y proteger la biodiversidad como se expresan los Considerandos. Pero árboles hay muchos y existen infinidad de especies diferentes. Todas brindan sombra, algunas más, otros menos, todas contribuyen a la oxigenación atmosférica, pero no todas son resistentes a esta patología o a aquella, no todas favorecen la preservación de la fauna local y no todas son ponderadas de igual modo desde la preferencia estética.
El tema de la elección de ejemplares en el espacio público no puede quedar en manos de los frentistas, quienes seguramente priorizarán sus preferencias estéticas. Las especies exóticas no sólo no favorecen la biodiversidad sino que hay circunstancias en las que la restringen. Para que se entienda, el subsistema del arbolado urbano articula muy sensiblemente con el subsistema del Reino Animal. Los árboles endémicos, propios del lugar, son hogar o fuente de alimento de múltiples insectos y aves y participan del proceso reproductivo de los individuos del Reino vegetal. Para parafrasear un dicho popular "el chalchalero se alimenta del chalchal" y no del eucaliptus.
Desde el punto de vista de las patologías debe considerarse adecuadamente el balance del número de ejemplares de las diferentes especies. El exceso desmesurado de una especie susceptible de ser atacada por un agente en particular puede diezmar el arbolado urbano.
En áreas fuertemente antropizadas, como lo son las ciudades, los subsistemas en articulación son muchos, innumerables. Así ciertas especies arbóreas son adecuadas para plazas, otras para jardines y otras para las aceras de las calles porque por esas mismas calles corren las redes que integran los subsistemas de la infraestructura urbana y es usual constatar el entrevero de ramas y cables eléctricos o las raíces invadiendo desagües, o los efectos de la caída de hojas en los períodos invernales y el consecuente exceso de carga en los sumideros, cuando no se trata de una rama o hasta todo un ejemplar abatido por una tormenta obstruyendo el tránsito, en el mejor de los casos.
Una última consideración. Se está imponiendo al contribuyente una obligación sobre el espacio público. Es cierto que se prevé la provisión de los ejemplares cuando las circunstancias lo demanden. Pero la construcción de la cazuela implica costos de mano de obra y materiales que recaen sobre el vecino frentista. Si bien es interesante provocar la intervención de los particulares en la construcción y el cuidado del espacio público es imperioso considerar cómo acentuar la intervención de la autoridad comunal al momento de reglamentar la ordenanza.
Arq. Marcelo Pazos, Profesor adjunto de Planeamiento Ambiental en la Universidad del Salvador



