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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/jun/2021 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
Ese amigo que estaba siempre
Por Néstor Bueri







Néstor Oscar Bueri

El potrero, esa gran extensión de tierra convertida en cancha de fútbol, era más que eso. Si nos quedamos con esa definición, realmente desperdiciamos un momento de nuestras vidas altamente valorable y significativo.

Juntarse en la canchita del barrio significaba hacer amigos con toda la extensión de esa palabra. Creo que nadie que haya jugado en un potrero se va a olvidar de los nombres del resto de los chicos con los que lo hacía diariamente.

Hoy existen las Escuelas Futbol, que en muchos casos vienen a reemplazar al potrero, de los que ya casi no quedan rastros. La edificación y el avance de la población pisaron el potrero y se levantaron para ocultarlo.

El potrero o la canchita del barrio daba la oportunidad de demostrar la capacidad de copia, de imitación, de imaginación y de creación. Entre sus líneas se juntaba la amistad y el odio, la frustración y el éxito, la alegría y la desazón, todo junto en una licuadora que duraba hasta la puesta del sol

Mi canchita estaba en la manzana que forman las calles Salmini, Urquiza, Castilla y Castelli. Allí todavía deben resonar los gritos de gol, los que fueron y los que no fueron, las peleas, las discusiones, las patadas y los divertidísimos partidos aunque haya barro. La pelota esa amiga a veces traidora que se pianta al patio del vecino, que una vez la devolvió pinchada, era el símbolo inequívoco de la libertad del juego compartido

El potrero era un amigo más al que se valoraba y se cuidaba, no era necesario cortarle el pasto: ya ni crecía de tanto jugar. Y no era necesario marcar las líneas de cal: estaban en la imaginación de cada uno. Y no era necesario un árbitro: por eso las discusiones. Y no era necesario un instructor: nosotros éramos maestros y alumnos a la vez; y el potrero, el mejor salón.

Hoy, los pocos potreros existen en los barrios periféricos, donde se afinca la clase media o media–baja. Ante la falta de potreros o de canchitas, los padres envían a sus hijos a las escuelas de fútbol. Me parece bien, en la medida que el aprendizaje no sea solamente eso. Pero si antes le preguntaban a mi mamá donde estaba yo, seguro respondería: "Fue a jugar a la pelota".

Si le preguntamos a un padre hoy, seguro la respuesta será: "Fue a fútbol", con la diferencia enorme que eso significa.

¡Hasta la próxima!

Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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