El equipo "Blastiones", conformado por estudiantes de la Escuela Técnica Roberto Rocca, quedó a las puertas de representar al país en el First Global Challenge, un prestigioso mundial de robótica. Pero en el proceso sus integrantes vivieron experiencias y formaron vínculos más valiosos que cualquier premio.
Estuvieron ahí, a nada de poder lograrlo. Sin embargo, no tienen ese sinsabor del segundo lugar en la boca. Por el contrario, hablan con entusiasmo de lo atrapante que fue la competencia, del espacio que les brindó para que pudieran conocerse mejor y de la oportunidad de entablar contacto con chicos de todas partes del país con sus mismos intereses e ilusiones. Todo esto configuró en ellos el premio mayor, haciéndolos también ganadores.
Son cinco. Son jóvenes. Son estudiantes de electrónica de la Escuela Técnica Roberto Rocca. Apasionados, comprometidos. Innovadores. Son los "Blastiones", el equipo que representó a la provincia de Buenos Aires en la Copa Robótica, donde se coronó al campeón que representará al país en el First Global Challenge, competencia anual que, en su última edición, reunió a 180 delegaciones nacionales. Un auténtico mundial de robótica fundado por Dean Kamen, el inventor del rodado Segway.
"Los distintos desafíos técnicos no fueron una sorpresa, implicaban conocimientos que traíamos de la escuela, pero sí fue desafiante la creatividad y el detenimiento que requerían para ser resueltos, porque eran bastante lógicos y originales", explicó Emanuel Albornoz, integrante de Blastiones. Y amplió: "Se trataba bastante de combinar lo que son algoritmos con programación para superar distintos obstáculos".
A través de la puesta en práctica de habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática por sus siglas en inglés), la Copa Robótica busca que los estudiantes no solo refuercen sus conocimientos sino -y en especial- fortalezcan su capacidad de cooperación, desarrollo de alianzas, coordinación y el respeto mutuo. STEM y las habilidades socioemocio-nales son dos pilares del modelo educativo de la ETRR, cuyo equipo directivo y docente -entre ellos el profesor Emanuel Moroni, mentor de los Blastiones- vio en la Copa la oportunidad para que alumnos muestren su talento y se unan tras una meta común.
La competencia se dividió en dos facetas: retos técnicos y de redes sociales. Para el primero, los Blastiones tuvieron que construir una máquina de Golberg -un aparato que complejiza tareas sencillas- capaz de desinfectar y secar una bolita de forma automática. "Fue un tema más que nada de creatividad, de construcción de la maqueta y cómo combinar y programar los diferentes componentes electrónicos del kit", contó Marcos Giovannelli. "Los siguientes desafíos fueron más que nada de programación virtual, había que aplicar mucha matemática para calcular posiciones o programar a partir de los resultados de la anterior programación".
El alumno Nicolás Bassin detalló en qué consistieron esas otras pruebas: "Una fue programar a distancia un nanorobot que estaba en un tablero que tenían los organizadores. Nosotros programamos el nanorobot para que gire y destruya distintos virus. Después nos dieron un código genético del que teníamos que adivinar secuencias de cuatro dígitos". En cada una de estas instancias, los chicos de la ETRR fueron sumando una cantidad de puntos que los hicieron animadores a lo largo de la entera competencia. "Yo no fui a compararme con el resto de los equipos, sino a descubrir cómo lo haríamos nosotros, y nos fue recontra bien", destacó Nico.
Para los retos de social media, los Blastiones solicitaron el apoyo de sus compañeros de escuela, familias y la comunidad, que debían votarlos en vivo a través de CopaTeVe, la transmisión oficial de la Copa que se realizaba todos los viernes. Estos eventos servían también para actualizar la tabla de posiciones rumbo al campeonato mundial, información que no se proporcionó en las últimas dos jornadas para -en palabras de Mauricio Garavani- "darle más suspenso" al final.
"Cada uno de nosotros, tanto como equipo como en las alianzas que íbamos formando con otros grupos, sabíamos qué tal lo habíamos hecho, por lo que llegábamos con muchas expectativas", dijo el estudiante.
Por muy poco, el equipo representante de la provincia de La Rioja se llevó el pasaje al mundial. Los Blastiones fueron escoltas y tal vez se hayan llevado el verdadero premio: el recuerdo de una experiencia que marcó a fuego sus incipientes carreras en la electrónica. "Creo que todos terminamos sintiéndonos muy llenos porque la pasamos muy bien, aplicamos un montón de conocimientos de la escuela, pudimos desenvolvernos en un ámbito que nos encanta como la robótica y la programación. Fueron momentos muy lindos que seguimos reviviendo cada vez que nos vemos, riéndonos de las anécdotas que quedaron", contó Delfina Mosqueira, quien reveló también por qué este campo tecnológico es tan importante para ella: "Me encanta por la cantidad de proyectos, de cosas y de ideas que podés concretar. Son infinitas las formas de expresión que te da".
Los Blastiones inspiraron su nombre en la nomenclatura científica del ciervo de los pantanos, Blastocerus dichotomus. También en la palabra bastión: un sitio inexpugnable. Lejos de desintegrarse, los Blastiones siguen unidos, poniendo su mirada sobre nuevos proyectos que sigan promoviendo la sinergia y el trabajo colaborativo entre sus miembros. Se han convertido en guardianes de la robótica.
Los Blastiones tuvieron una gran performance representando a Campana y la provincia de Buenos Aires (la foto fue tomada al aire libre).

"QUEREMOS QUE LOS CHICOS VEAN EL IMPACTO DE LO QUE HACEN"
Emanuel Moroni - Profesor de Montaje de Proyectos Electrónicos y mentor de los "Blastiones"
"Cuando hablamos de robótica, uno siempre piensa en robots de películas o en autos autónomos que se enfrentan o siguen una línea de color. Pero la verdad es que la robótica está presente en todos los ámbitos de la vida: dentro de nuestro auto, en una casa -lo que es domótica hoy está explotando-, en nuestros teléfonos celulares. Y en nuestra industria se encuentra cada vez más presente la robótica industrial, por ejemplo, en Tenaris. Estos espacios lúdicos para programar jugando, como la Copa Robótica, son una proyección de lo que encontramos en la realidad. El pensamiento lógico y computacional que se forma es escalable a todas esas aplicaciones".
"Al trabajar mediante Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), buscamos ideas que tengan una aplicación próxima para que no solo sea una metodología didáctica a la materia y nada más. Queremos que los chicos vean el impacto que puede tener lo que hacen. Y promoviendo a la par su participación en competiciones STEM, crece su motivación y rendimiento escolar. Los espacios que se generan permiten desenvolver habilidades técnicas y también desarrollar otras que no lo son, como el trabajo en equipo. Que los estudiantes deban conocer compañeros de otras provincias con las que hay que ponerse de acuerdo para resolver objetivos en común, uno de los ejes de Copa Robótica, me pareció fantástico. Cuando participamos de una competencia similar en 2019 y viajamos a las finales de Bahía Blanca, los chicos lo vivieron como un viaje de egresados. Y ahora, venir a la escuela después de tanto tiempo en casa y quedarse a veces hasta las 8 de la noche trabajando en los desafíos de la Copa fue una aventura. Un proceso muy recomendable".



