Al buscar nuestra realización sólo en lo material, difícilmente la alcancemos: siempre faltará algo. Uno puede considerarse una buena persona, y de hecho serlo. Pero alcanzar la paz interior y la vida plena es bastante más que eso.
En este décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario, corresponde la lectura del Evangelio según San Juan, capítulo 6, versículos del 24 al 35: "Al darse cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25 Los que buscaban a Jesús lo encontraron al otro lado y le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? 26 Jesús les contestó: -Estoy seguro de que me buscan no por los milagros que han visto, sino porque comieron pan hasta saciarse. 27 Deberían preocuparse no tanto por el alimento transitorio, cuanto por el duradero, el que da vida eterna. Este es el alimento que les dará el Hijo del hombre, a quien Dios Padre ha acreditado con su sello. 28 Ellos le preguntaron: - ¿Qué debemos hacer para portarnos como Dios quiere? 29 Jesús respondió: -Lo que Dios espera de ustedes es que crean en su enviado. 30 Ellos replicaron: - ¿Cuáles son tus credenciales para que creamos en ti? ¿Qué es lo que tú haces? 31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo. 32 Jesús les respondió: -Yo les aseguro que no fue Moisés el que les dio pan del cielo. Mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. 33 El pan que Dios da, baja del cielo y da vida al mundo. 34 Entonces le pidieron: -Señor, danos siempre de ese pan. 35 Jesús les contestó: -Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí, jamás tendrá hambre; el que cree en mí, jamás tendrá sed".
"Cuando Jesús -dice el sacerdote Rogacionista Rufino Giménez Fines- es interpelado por la gente sobre cuándo había llegado al otro lado del espejo de agua, responde en términos espirituales, y él pasa a interpelarlos a ellos: ´Estoy seguro de que me buscan no por los milagros que han visto, sino porque comieron pan hasta saciarse´. Es decir, se quedaron con lo superficial, en una dimensión terrenal del episodio de la multiplicación de los panes y los peces que vimos el domingo pasado. La invitación era a compartir con los demás, a través de la intercesión de Dios. Pero aquellos testigos vaciaron al signo de su significado y por eso Jesús les aconseja: ´Deberían preocuparse no tanto por el alimento transitorio, cuanto por el duradero, el que da vida eterna…"
"Algunos -agrega el párroco de Nuestra Señora del Carmen- comen muy bien, de hecho se ven saludables. Pero son raquíticos espiritualmente. Busquemos alimentos que nos fortalezcan: los sacramentos, la oración, la lectura de la Palabra, la caridad… Jesús afirma que Él es el nuevo maná: el pan vivo, bajado del cielo. El Pan es signo del amor y la solidaridad, alimento para la vida plena y definitiva. Para que se entienda: nada material nos será suficiente si la Paz no está con nosotros. Hablamos del pan de vida, que construye al género humano y lo realiza. Ese es el Pan que da Jesús, es el Pan que le pedimos a Dios en cada ´Padre Nuestro´… en este pasaje del Evangelio, vemos cómo estos seguidores no terminan de captar el mensaje, y siguen aferrados al pasado en términos de fe. Jesús habla de presente y de futuro: yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Jesús es la revelación del Padre en la tierra, transmisor del proyecto de vida que Dios quiere para el hombre. Comer del pan significa creer en Él. Sin embargo, el hombre busca su propia satisfacción por caminos equivocados porque no pone a Dios en el centro de su vida y sus acciones. Jesús desenmascara la actitud egoísta, y acepta con gusto a quien le busca de verdad. Se da a sí mismo, sin reserva y para siempre. En la eucaristía, recibimos este alimento de vida eterna. Hoy Jesús nos invita a nutrirnos de este pan que alimenta para siempre, dando bases, cimientos estables a la vida plena".
"Sin embargo, dos mil años después, la indiferencia religiosa nos sigue rodeando. Hay que entender que Jesús no es el personaje de un cuento. Está vivo, nos ama, nos habla, vive con y entre nosotros. Pero está en nosotros conectar con Él. Dios se hizo carne en Jesús y la tarea es que creamos. Siendo Jesús el pan vivo bajado del cielo, el desafío es, también, que nosotros anunciemos ese pan a los demás, teniendo la disponibilidad y dando testimonio en nuestra vida cotidiana, de manera tal de ser multiplicadores de esa verdad, compartiendo lo que nos pasa con aquellos que no saben de lo que son capaces de disfrutar, de lo que los está esperando. Aun con aquellos quienes no maduraron en su fe y se han alejado. La oración es el principal pilar del cristiano. Sin la oración, no se puede hacer absolutamente nada. Sin tener una comunidad detrás que te respalde, también con su oración, tampoco. Cuando dejás de orar, o lo hacés en automático como para cumplir, tu vida titubea: dejás de conectar, de alimentarte. No lo digo yo, sobran testimonios. Es así", concluye el cura.



