La guerra de las vacunas? ¿Una nueva forma de manejar el poder?
Allá por el mes de abril del 2020, un experto en relaciones institucionales, escribió que existía una lucha en la compra y recompra de material sanitario y se llegó a dejar sin suministros de emergencia a algunos países y a su vez, se retuvieron envíos de este tipo de materiales hacia otros países integrantes de la Unión Europea, mientras otros de las mismas zonas, se oponían a emitir deuda conjunta para ayudar a los países más afectados para superar la crisis del Coronavirus, y lo más grave sin proponer alternativa alguna.
Las instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organización de Naciones Unidas (ONU) demostraron una total incapacidad para desarrollar respuesta alguna que colectivamente y en forma obligatoria de sus miembros para lo que era una real Pandemia. Ingredientes de estas características, dejaron vislumbrar la posibilidad que los contratos sociales entre estados, pueden destruirse en cualquier momento entre sus ciudadanos.
Una de las enseñanzas primarias que nos deja esta pandemia, es precisamente la falta de solidaridad para contribuir a través de reales estrategias que actúen ante las necesidades para lo que realmente fueron creadas, haciendo cumplir la finalidad buscada en su formación. Esto es su trabajo y su visión estratégica, anticipar las necesidades de un país, de una región, de una comunidad que va a tener que actuar con la misma celeridad con la que ha caído en la crisis sanitaria si no quiere que el resquebrajamiento del contrato social acabe convirtiéndose en una fractura irreparable.
De las crisis es necesario empezar a aprender desde que comienzan, desde un principio. Si esperamos los finales podemos llegar a no aprender nada de ellas.
Las reacciones que se tuvieron a nivel países e instituciones nos obligan a cambiar los protocolos de acción, tanto públicos como privados, empezando por el Sanitario, que tendrá que repensar cómo organizar sus suministros, la gestión de su personal, gastos, coordinación público-privada, sin descuidar la Seguridad, la Previsión social y la proyección de la economía.
El fundamental aprendizaje que debemos recordar es: No podemos usar el "sálvese quien pueda". Si los países no se salvan entre todos en pandemias como la que padecemos, ninguno estará a salvo nunca. Todo puede volver a empezar en enfermedades de estas características.
Gracias a la crisis de esta guerra sanitaria contra el virus se han logrado muchas cosas a nivel solidaridad, cooperación y acercamiento de muchos que se consideraban enemigos irreconciliables. Si esta crisis ha conseguido disrupciones en la línea de producción de empresas de primer nivel, que cambiaron parte de su fabricación para poder hacer aparatos faltantes en el mercado, que pudieran ayudar a recuperar la salud de afectados por el virus, faltantes en el mercado y así poder luchar contra la enfermedad y salvar vidas, hemos realmente avanzado en la historia de la humanidad. ¿Por qué no se va a poder aprovechar esa capacidad de entendimiento transversal para reordenar y mejorar la forma en la que se relaciona lo público con lo privado y los sectores entre sí?
SI no sabemos aprovechar este momento, no somos dignos de vivir en este planeta que tiene todo lo que la raza humana necesita para vivir y más, por lo que su supervivencia está asegurada.
(Fuente Investigadas: APRI).



