La inédita convocatoria que tuvo el Ciclo de Cine Latinoamericano de Tenaris y Fundación PROA le influye nueva vida a la tradición de los autocines argentinos.
Ubicado sobre la General Paz, dentro del predio donde hoy emerge Tecnópolis, brilló en los años ochenta el Autocine Buenos Aires, uno de los establecimientos de su tipo más recordados. Un formato audiovisual que la pandemia vino a revalorizar.
Y es que con las salas de cine cerradas primero y luego con aforo muy restringido, la capacidad de disfrutar de historias a pantalla grande en burbujas desde el interior del auto y al aire libre se convirtió en una atracción masiva.
El pasado fin de semana la convocatoria al Ciclo de Cine Latinoamericano de Tenaris y Fundación PROA fue récord. Se trató de la cuarta edición del tradicional evento que se realiza en pandemia y, a pesar de que las restricciones sanitarias cada vez son menos, lo que habilita la realización de más actividades, las boleterías explotaron.
Tal vez para las 850 personas que disfrutaron de una cartelera 100% nacional el autocine se haya vuelto un hábito al que darle rienda suelta ni bien aparezca la oportunidad. Una costumbre de otras épocas que el coronavirus puede dejar cuando retroceda de manera definitiva.
La explosión de los autocines ocurrió luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses que volvían de la contienda comenzaron a casarse, tener hijos y mudarse a los suburbios. Las distancias favorecieron a los "drive-in" como forma de entretenimiento para esa gente que ya no vivía en las grandes ciudades.
Se estima que solo en Estados Unidos llegó a haber 4 mil autocines desparramados por el país.
Además del Autocine Buenos Aires, otros establecimientos famosos en la región fueron el Panameri-cano, ubicado en Olivos, y el Autocine de la Rivera del barrio porteño de La Boca.
El gran número de vecinos y vecinas que se acercaron a la propuesta cultural de Tenaris y Fundación PROA también se explica porque el evento sigue sumando alternativas, como foodtrucks. De hecho, durante las dos últimas funciones varios espectadores eligieron acompañar con algo sabroso de por medio las proyecciones e incluso seguirlas directamente desde las mesas dispuestas alrededor.
"Es un muy buen momento para pasar en familia", dijo Gastón Flores, uno de los espectadores de "El robo del siglo", dentro de su auto junto a sus hijos Dante y Julieta. Partícipes de un récord con historia.




