Terminada una reunión en la Fundación Favaloro, a punto de despedirnos, Lili me dijo: "El otro día, hablando con un señor que había donado los órganos de su hijo que falleció en un accidente... se me ocurrió esto". Sacó una pequeña libreta de su cartera, y tímidamente escribió algo y me lo entregó. En un pequeño papel amarillo decía: ¿Por qué donar órganos es un acto de amor? Porque en tu dolor me viste y acabaste con el mío. El domingo 2 de marzo, alguien, en un lugar del sur del país, supo en su inmenso dolor que podía apagar el de otros. Ese domingo, un llamado telefónico le avisó a Lili, después de casi tres años de espera que un corazón y un pulmón estaban viajando para ella. Y con sus ojos celestes como el cielo y su sonrisa desbordando corrió a esperarlos. No fue fácil. Nunca lo es. Pero hoy, esta hermosa mujer, casi médica de 28 años, evoluciona favorablemente de un trasplante cardiopulmonar. Paso a paso. Inquieta, ansiosa, rebelde, con un coraje admirable y unas ganas de vivir que contagian. Lili, es una más de tantos, que pelean a diario y sin claudicar. Desafiando el desgaste del tiempo, que hace la mochila cada vez más pesada y dolor más corrosivo.
¿Se preguntarán porque les cuento esto? No lo sé exactamente. Quizás, porque quería compartir lo que para mí, es una gran noticia. Talvez, porque quiero que algunos de ustedes que se sienten abatidos por la realidad que les toca vivir (sea cual fuere) sepan que no son los únicos y que a veces el milagro es solo voluntad, coraje y una ininterrumpida búsqueda de pequeños oasis de bienestar. O tan solo, que cuando comencé a escribir desatando pensamientos... enhebrando ideas... había pensado en parafrasear a Groucho Marx diciendo: "He tenido dos semanas espectaculares pero no han sido estas"... pero hubiera faltado a la verdad.
Probablemente, alguno de Uds., haya notado la ausencia de esta columna durante dos semanas. Esto fue, porque me fui al "Spa", como solemos decir los enfermos que recurrentemente debemos tolerar hospitalizaciones. Esto definiría mis últimas semanas como malas. Pero en realidad, como todo ocurre por una razón, prefiero pensar en la causalidad que hizo que cuando a Lili la llamaron yo estaba allí, y cuando volvió de quirófano yo estaba allí, a unos metros de distancia en la Terapia Intensiva. Y la vi. Y estuve cerca. Más... imposible. Sobre todo, aprendiendo de su valentía.
Pasadas las setenta y dos horas, la primera vez que intentaron despertarla, el doctor le preguntó si lo escuchaba... ella, sin poder abrir los ojos, entubada y conectada a un respirador, con cuanto drenaje y vías invasivas se puedan imaginar, le dijo con la cabeza: "No".
¿Cuántos de nosotros podemos hacer una broma padeciendo un dolor de cabeza?
¿Cuántas personas conocemos que hayan entendido con tanta claridad, qué es la vida y su valor...?
Dios mediante, nos encontramos la próxima semana... porque la vida sigue y no debemos perderla de vista.
NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com



