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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 24/oct/2021 de La Auténtica Defensa.

Padre Rufino Giménez Fines:
No hay peor ciego que el que no quiere ver




Sin terminar de comprender el significado de nuestras vidas, nos distraemos en lo accesorio y descuidamos lo importante.

En este trigésimo domingo del Tiempo Ordinario, corresponde la lectura del Evangelio según san Marcos, Capítulo 10, versículos del 46 al 52: "En esto llegaron a Jericó. Y más tarde, cuando Jesús salía de allí acompañado de sus discípulos y de otra mucha gente, un ciego llamado Bartimeo (es decir, hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret quien pasaba, empezó a gritar: - ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! 48 Muchos le decían que se callara, pero él gritaba cada vez más: - ¡Hijo de David, ten compasión de mí! 49 Entonces Jesús se detuvo y dijo: - Llámenlo. Llamaron al ciego, diciéndole: - Ten confianza, levántate, él te llama. 50 El ciego, arrojando su capa, dio un salto y se acercó a Jesús. 51 Jesús le preguntó: - ¿Qué quieres que haga por ti? Contestó el ciego: - Maestro, que vuelva a ver. 52 Jesús le dijo: - Puedes irte. Tu fe te ha salvado. Al punto recobró la vista y siguió a Jesús por el camino".

Es el último milagro de Jesús en el Evangelio de Marcos. En este acontecimiento se cerrará el ciclo de su ministerio público y comenzará el ciclo de la Pasión. Jericó era una ciudad poderosa que los judíos, luego de vagar 40 años en el desierto tras escapar de Egipto, sometieron y transformaron en Tierra Prometida. Según relata el Antiguo Testamento, nunca lo hubieran podido conseguir por sí mismos: sus murallas cayeron por el poder de Yahvéh, al ser derribadas por el sonido de las trompetas de los hebreos.

"El ciego de Jericó pide a los gritos compasión, sabe que Jesús puede hacer el milagro de que vuelva a ver... seamos como el ciego de Jericó, tengamos fe, reconozcámonos necesitados de Jesús y Dios hará el resto" señala el padre Rufino Giménez Fines y agrega: "Bartineo es un hombre doblemente marginado en la escala social de entonces: por mendigo y por ciego. Es un paria quien manifiesta su fe. "Jesús, hijo de David, ten compasión de mí", dice, evidenciando su marginalidad y necesidad vital. El gesto de arrojar su manto, es imagen del que entra despojado con absoluta confianza en la presencia y la palabra de Jesús quien no sólo muestra que Dios tiene en cuenta a los menos reconocidos en la sociedad, sino que además los hace discípulos. Por ejemplo, en las escuelas rabínicas, buscaban gente selecta. Jesús, por el contrario, se relaciona con gente común y marginados: pecadores, publicanos, zelotes… y ahora convoca a un mendigo, capaz de elegir el camino de la vida plena".

"En este pasaje -continúa el sacerdote Rogacionista - somos llamados a no ser prejuiciosos y estar cerca de aquellos marginados de la sociedad… ¿Somos de los que animan o desaniman a la gente a ser mejores y caminar con Jesús? Desde las cegueras de nuestra vida, ¿Estamos dispuestos a pedir iluminación para ver y convertirnos en verdaderos discípulos reconociendo al débil como interlocutor que nos evangeliza? ¿Permitimos que el pobre y el excluido nos enseñe a vivir con radicalidad el discipulado?"

"Una gran multitud acompañaba a Jesús por la fama que tenía y por las maravillas que hacía, sin captar el sentido liberador, el espíritu de amor y servicio a los demás, incluyendo a los más necesitados. La multitud reprendía al ciego para que deje de gritar, pensando que molestaba al maestro y sus acompañantes. Sin embargo, el ciego gritaba más fuerte aun. Jesús lo manda a llamar como si le conociera. El ciego arroja su manto, tal vez único privilegio que poseía… lo vimos en la palabra del domingo anterior: no somos lo que poseemos. Bartimeo, de un salto, se pone de pie y se apresuró para llegar a Jesús. En el diálogo, se establece una relación de fe… Jesús nos invita a salir de nuestra ceguera espiritual, interpelándonos a experimentar un cambio radical. Como dice aquel sabio proverbio: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Al poder "ver" -es decir, creer en Jesús- Bartimeo se convierte en su seguidor que irá con él por el camino, porque Jesús mismo es el camino… ¿Cuáles son los apegos que nos impiden seguir a Jesús por el camino? Confiemos plenamente en Jesús y dejémonos sorprender alcanzando la paz en nuestros corazones, aun atravesando la peor de las tormentas. Sobran los ejemplos y testimonios de que es así, ¿Por qué no intentarlo?", concluye el párroco de Nuestra Señora del Carmen.



 
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