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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 28/nov/2021 de La Auténtica Defensa.

El sueño de volar alto




Desde muy pequeño quiso pilotear aviones e hizo de su deseo una realidad. Luego de haber recorrido un largo camino como piloto militar e instructor de vuelo, hoy es Comandante de Aerolíneas Argentinas. "Lo importante en la vida es cumplir los sueños, es lo que nos hace felices", asegura Humberto Polowy.

Cuando apenas cumplía los 13 años, Humberto Polowy (54) ya tenía bien claro que era lo que quería hacer de su vida: pilotear aviones.

Hizo jardín de infantes, primaria y secundaria en la Escuela Normal Dr. Eduardo Costa, institución que le quedaba a unos metros de su casa, cruzando la avenida Ameghino. Su padre fue un conocido comerciante autopartista, sin embargo a él no eran justamente los autos lo que le sacaba el sueño, lo suyo eran los aviones. "Me gustan los pájaros, el cielo, las estrellas como se ven desde el aire...", responde al preguntarle qué es lo que le atrae de volar.

Su primer acercamiento al tema fue en el Aeródromo de Zárate. Acompañado de su padre, fueron a averiguar qué necesitaba para poder empezar a pilotar un avión, no importaba cuál. Y la primera devolución a su deseo no fue alentadora: "Mi viejo no se animó a decirme, y le pidió a mi mamá que me explicara que por el costo de las horas de vuelo, para ellos era imposible pagarme las clases". Lejos de amedrentarse, Humberto les dijo con convicción: "No se preocupen, ya me las voy a arreglar, yo voy a ser piloto de aviones".

Eran tiempos sin internet, la información no estaba al alcance de las manos como pasa ahora; pero se las rebuscó y concurrió a la sede de la Fuerza Aérea en Capital Federal, donde averiguó que había una carrera de piloto militar, y se cursaba en la Escuela de Aviación de Córdoba.

De los muchos requisitos, que incluían aptitud física y régimen militar, también era necesario rendir un examen muy exigente para el cual empezó a prepararse un año antes de terminar la secundaria. "Comencé en una academia de Capital Federal, en febrero de 1985. Viajé todo ese año, de lunes a viernes. No tenía tiempo para nada, porque además iba a la Escuela de mañana. Recuerdo que Luis Fara (profesor de Educación Física) me dejaba escaparme 15 minutos antes de que terminara su clase para tomar el Chevallier. Viajaba todos los días parado. Terminé el colegio en noviembre y estudié sin parar hasta el 23 de enero, que era la fecha del examen de ingreso. Aprobé y en febrero de 1986 ya estaba cursando en Córdoba".

La carrera era militar, con todo lo que eso incluía: pelo corto, disciplina y también, obviamente, la posibilidad de empezar a volar. "Era una época difícil, los militares no estaban bien vistos por todo lo sucedido durante la dictadura. Yo, particularmente, estoy agradecido y orgulloso de haber estado en la Fuerza Aérea. Recibí muy buena educación y buenos valores en la institución. Fue muy positivo para mi formación", asegura.

"Me gradué como piloto 4 años después y por estar entre los mejores promedios pude elegir especializarme como aviador de combate, curso que se hace en la IV Brigada Aérea de Mendoza, donde hice la escuela de aviones caza. Ahí un poco se complicó la carrera porque si quería volar tenía que esperar la disponibilidad de los Douglas A4 Skyhawk. Y yo quería volar..." recuerda mientras levanta las cejas, dando a entender que la abstinencia no fue nada fácil de sobrellevar.

A los 25 años pasó a desempeñarse como instructor del Instituto Nacional de Aviación Civil (INAC) en Morón, donde formaba a futuros pilotos en clases teóricas: meteorología, aerodinámica, reglamento de vuelo, aeronavegación; pero también los capacitaba en vuelo, por lo que Humberto se aseguró poder volar con frecuencia. "Nunca perseguí el dinero, yo simplemente quiero volar..." dice, como si a esta altura de la entrevista hiciera falta aclararlo.

Luego de un regreso a Córdoba como instructor en la misma escuela militar donde se formó, continuó su carrera en el sector aerocomercial como copiloto de Austral Líneas Aéreas.

Un paso laboral por Europa, un regreso a la Argentina y un presente que lo tiene como Comandante de Aerolíneas Argentinas, donde realiza vuelos de cabotaje y hace lo que más le gusta, que es recorrer los cielos uniendo aeropuertos del país "No pierdo el asombro de ver el cielo desde la altura, que por arriba de las nubes es diáfano y la ausencia de luz permite ver astros, satélites, la ISS (Estación Espacial Internacional por sus siglas en Inglés), el telescopio Hubble… son cosas cotidianas que disfruto inmensamente".

Lo llena de orgullo hablar de sus hijos: uno es Ingeniero Electrónico y vive en España. El otro sigue sus pasos y se está formando como piloto civil. "Yo siempre le digo a mi hijo: no importa que avión vueles. Sea chico o grande, ese es tu avión y, como yo, te tenés que capacitar, leer los manuales, hacer los informes técnicos y de vuelo".

Ya está en edad de jubilarse, pero no está en sus planes. "En Aerolíneas (Argentinas) estoy muy bien, la empresa es excelente y está a la altura de las mejores del mundo" dice y a la hora de despertar vocaciones en las nuevas generaciones, no duda en recomendar: "Si tienen un sueño, persíganlo, no se aparten del objetivo aunque en el camino surjan dificultades. El disfrute no está en llegar, sino en transitar el camino. Lo importante en la vida es cumplir los sueños, es lo que nos hace felices".


Humberto Polowy, comandante de Aerolineas Argentinas, hizo de su vocación su profesión.


Su paso por la IV Brigada Aérea de Mendoza, donde se capacitó en aviones de combate.


RESPETO Y ADMIRACIÓN

A escasos metros de la casa de su infancia y literalmente apuntando hacia ella, se exhibe en el Parque Urbano como monumento a la gesta de Malvinas un IA-58 Pucará, avión que Humberto nunca voló, pero que sí lo identifica como piloto de combate. Si ese avión hubiera estado ahí 40 años antes, podríamos suponer que podría haber inspirado la vocación de Polowy. Sin embargo la falta de temporalidad hace que sólo sea un hecho fortuito que abre la posibilidad de hilvanar ese dicho popular que asevera: "La pelota siempre busca al jugador".

Su paso por la escuela de Aviación Militar de Córdoba y la IV Brigada Aérea de Mendoza para capacitarse como piloto de combate, hizo que Humberto Polowy se cruzara con más de un héroe de la gesta de Malvinas, en su rol de instructores. Sólo tiene elogios para ellos, y explica que combatieron con valentía y sorprendente efectividad aun cuando se encontraban en inferioridad de condiciones tecnológicas y logísticas. "Eran David contra Goliat" nos dice Humberto al abordar el tema y explica: "Se ofrecían de voluntarios a misiones donde sabían que tenían sólo el 50% de posibilidades de regresar. Volaban sin GPS, con baja autonomía y contra toda la tecnología antiaérea existente en ese momento… Uno que sabe y mide los riesgos en el aire, le da mucho más valor a la entrega que han realizado durante los combates, más allá de las valoraciones políticas de la guerra en sí. Les tengo un profundo respeto y admiración", concluye.



 
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