Como cualquier músculo, la espiritualidad requiere de ejercicios, rutinas y hábitos saludables que, poco a poco, se incorporan a nuestra conducta de manera natural y mejoran nuestra calidad de vida, trascendiendo cualquier adversidad que se nos presente.
En este primer domingo de Adviento, corresponde la lectura del Evangelio de San Lucas, Capítulo 21, versículos del 25 al 28 y del 34 al 35: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Las naciones de la tierra serán presa de confusión y terror a causa del bramido del mar y el ímpetu de su oleaje. 26 Los habitantes de todo el mundo desfallecerán de miedo y ansiedad por todo lo que se les viene encima, pues hasta las fuerzas celestes se estremecerán. 27 Entonces se verá llegar al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando todo esto comience a suceder, cobren aliento y levanten la cabeza, porque la liberación ya está cerca. (…) 34 Estén atentos y no dejen que los esclavicen el vicio, las borracheras o las preocupaciones de esta vida, con lo que el día aquel caería por sorpresa sobre ustedes. 35 Porque será como una trampa en la que quedarán apresados todos los habitantes de la tierra. 36 Estén, pues, alerta y no dejen de orar, para que consigan escapar de lo que va a suceder y puedan mantenerse en pie delante del Hijo del Hombre".
"El Adviento - comenta el padre Rufino Giménez Fines- es el tiempo litúrgico que inaugura el año cristiano y nos preparamos para celebrar la venida del Señor. El Adviento es un buen momento para despertar en un mundo que mayormente se referencia en las cosas materiales. El Adviento nos ayuda a visualizar lo preciado que somos, y lo maravilloso en todo lo que nos rodea… el campo donde ha sido sembrada la semilla de la vida, a la espera de que fructifique para todos, a la espera de que Dios esté presente en lo más profundo e íntimo de nuestra existencia: ser todo en todos".
"En Jesús, esperamos ver a Dios cara a cara, para ser plenitud y felicidad para cada uno de nosotros. Cuando empiece a suceder todo esto, tengan ánimo y levanten la cabeza. Es el caracú del tema de hoy. El evangelio nos quiere motivar en la esperanza, nos habla de la presencia y la intervención de Dios en este mundo de amor pero también de violencia, de miedos e ilusiones, de fracasos y de éxitos… en el que tenemos que cultivar nuestra fe, trabajarla, y así llegar a la certeza, experimentar en carne propia de que Dios vela por nosotros, viene a liberarnos, que está presente y nos acompaña en todo momento, incluso en medio de las dificultades, las contradicciones, o contratiempos, por más dolorosos e inexplicables que nos parezcan a simple vista… y las perspectivas de futuro no nos parezcan ni buenas ni esperanzadoras", agrega el sacerdote de la congregación Rogacionistas del Corazón de Jesús, fundada por San Aníbal María Di Francia en el año 1897.
"La certeza de que Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) está a mi lado, es el mensaje que nos quiere transmitir Jesús. Porque lo que tenemos que entender es que la vida plena, como tal, consiste en transitarla por, con y en Dios, poniendo en juego, también, nuestra voluntad para que así sea. No hay preferidos: todos somos invitados a ello, y esa es la Buena Noticia que vino a poner de manifiesto Jesús: estemos siempre despiertos, pidiendo que las fuerzas no nos abandonen… La propuesta ética de vida y de justicia que trae Jesús, necesita que nuestra estructura interior, y de la humanidad en general, sean transformadas y permeables para recibir el mensaje, hacerlo prosperar y multiplicarlo en comunidad. Es por eso que la Iglesia como madre y maestra en este tiempo de Adviento llama a la vigilia, a estar atentos más que de costumbre, característica de esta fase litúrgica y de la llamada permanente de Jesús que vemos en el evangelio. Estar despiertos, es la invitación que hace Jesús a asumir que la revelación definitiva del plan de Dios para toda la humanidad es un proceso que acontece de forma lenta y compleja, muchas veces signada por las adversidades, pero que avanza indefectiblemente hacia una nueva humanidad y un mundo en el que reine la justicia, la paz, la inclusión, y la solidaridad. No es una cuestión fácil, y en gran parte depende de nosotros, nuestra conversión, comprensión y evolución espiritual. Jesús lo tiene bien claro, por eso a los creyentes nos invita a mantenernos sobrios, enfocados, despiertos… dando testimonio, mostrando también el camino correcto a los demás, dando paso así a la inclusión y a la vida plena", concluye el párroco de Nuestra Señora del Carmen.
padre Rufino Giménez Fines



