Durante la campaña electoral con motivo de las elecciones legislativas de septiembre y noviembre escuchamos a los candidatos hablar sobre la necesidad de mejorar la educación pública cuestión que concita una aprobación unánime de la población.
En este sentido quienes pertenecen a Juntos por el Cambio usaron la negativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a cerrar las escuelas en plena pandemia como muestra irrefutable de su compromiso educativo que muchos argentinos creyeron.
Más allá de lo que se diga y cuantos son los que lo dicen una vez más podemos comprobar que muchas veces la realidad mata al relato.
En estos días pudimos conocer los resultados del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) realizado por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Orealc) de la Unesco.
Esta investigación se llevó a cabo en base a datos relevados en el año 2019 que como sabemos fue el último del gobierno encabezado por Mauricio Macri y de las pruebas participaron 10.073 estudiantes de tercer y sexto grado de Argentina.
Los alumnos fueron evaluados en lengua, matemática y ciencia y los resultados obtenidos estuvieron por debajo del promedio de la región y fueron inferiores a los verificados en 2006 y en 2013.
Recordemos que entre los años 2016 y 2019 durante el gobierno de Juntos por el Cambio la inversión en la educación pública cayó del 6,1% al 4,8% del PBI, esto es nada menos que el 1,3%. Esta disminución significó que al 2020 se destinaron 10.886 pesos menos por año para cada alumno.
Seguramente sólo una mayor inversión no soluciona todos los problemas que aquejan a la educación pública porque como dijo alguna vez Albert Einstein: "Todo problema complejo tiene una solución simple, pero que es falsa" pero sin invertir más no hay solución posible.
Los resultados del estudio mencionado corroboran una vez más que bajar la inversión implica bajar la calidad de la educación y es por eso que se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para que el acuerdo con el FMI no signifique recortar los montos destinados a la educación y que por el contrario se pueda aumentarlos.
Por supuesto no debemos dejar de lado la incidencia determinante que el deterioro de las condiciones de vida y fundamentalmente en la alimentación de millones de niños y adolescentes tienen en el rendimiento educativo.
También estos números ponen de manifiesto la falacia de la meritocracia cuando a millones de niños no los dotamos de las herramientas imprescindibles alegando que sus padres no hicieron los méritos suficientes. Para la derecha la culpa es siempre de los otros.
Además hoy queda en claro que la decisión de Horacio Rodríguez Larreta de abrir las escuelas en CABA durante la pandemia se debió a la necesidad de diferenciarse del gobierno nacional y no con un compromiso con la educación pública que tanto castigó cuando todavía no tenía noticias de la existencia del covid-19.
Esta realidad nos interpela como sociedad si es que seguimos sosteniendo que la educación nos importa verdaderamente. En este sentido deberíamos discutir entre todos si se sigue subsidiando a las escuelas privadas para abaratar las cuotas que pagan las clases media y media-alta en lugar de destinar ese dinero a las escuelas públicas que es donde verdaderamente hace falta.
Si pretendemos vivir en una sociedad sin tanta violencia desbordada debemos cuanto antes achicar las desigualdades que como no puede ser de otra manera se manifiesta con todo su dramatismo en la educación de nuestros niños.



