El martes se conocieron los resultados de la prueba ERCE de Unesco que mostraron que los alumnos argentinos rindieron menos que el promedio de la región en Matemática, Lectura y Ciencias. Se pasó de estar por encima del promedio de la región a estar por debajo del promedio en esas dos disciplinas, además de Ciencias Naturales. Estos datos, dieron lugar a un uso político con acusaciones sobre quién es responsable de ese deterioro, pero no dieron lugar aún a la discusión sobre cuáles son los caminos para revertirlo.
Destaca Unesco, que cada vez es mayor la proporción de estudiantes argentinos que, en todos los casos, están en el nivel 1. Esto muestra que, además de los bajos resultados, se está ampliando la desigualdad educativa en el país.
Advirtió que en nuestro país los mayores logros de aprendizaje están vinculados al acceso a la educación preescolar; los días de estudio semanales; el involucramiento y las expectativas de los padres y el mayor nivel socioeconómico de las familias. Por el contrario, aquellos factores asociados a desempeños negativos son la repitencia y la inasistencia a clases.
¿Porque es importante evaluar a los alumnos?
Desde nuestro espacio, con el impulso de Esteban Bullrich, hemos destacado siempre la necesidad de evaluar a nuestros estudiantes con una intención superadora, de conocer su estado real y contar con información para trazar planes de mejora. La importancia de la educación no es pasar de grado o de año como sea. Es lograr que los conocimientos se adquieran y se apliquen. ¿Para qué? para no condenar, como lo preanuncio Unesco en 2019, a la pobreza educacional de los sectores más relegados.
La pobreza en educación es la más arbitraria, ya que imposibilita el acceso al trabajo digno de amplios sectores que, frente a un mundo que se especializa laboralmente, quedan afuera y sin muchas posibilidades de lograr objetivos. Este cambio cultural mundial y vertiginoso está en marcha y es imperioso sumarse a él.
En este marco, lo que podemos observar, es que los resultados de Unesco solo han generado en el plano nacional críticas y culpas inconducentes. Serían necesarios inmediatos planes de acción a nivel educativo y de inclusión, sin discusiones políticas sectoriales.
Como en cualquier ámbito, y en especial en educación, la evaluación y sus resultados, sirven para optimizar, mejorar, establecer planes de acción radicales que cambien esta realidad. No son datos para ignorar y mucho menos para sostener la inacción.
La Organización Mundial del Trabajo (OIT) ya había advertido en la Conferencia Internacional del Trabajo del 2020 que "Todos deben tener la oportunidad de acceder a un empleo pleno, productivo y libremente elegido. En un contexto de crecientes desigualdades, debería reexaminarse el estrecho vínculo entre productividad y reducción de la pobreza. También es fundamental que todos disfruten de un acceso equitativo a una educación y formación de calidad, lo que incluye el aprendizaje permanente y brinda oportunidades para acceder, permanecer y avanzar en el empleo".
La OIT reanudó la segunda parte de La Conferencia 109 (entre el 25 de noviembre y el 11 de diciembre 2021) cuyos ejes centrales son las desigualdades y las competencias para el aprendizaje permanente.
Estamos inmersos en el mundo, no solo el COVID nos afectó a todos, la pobreza educacional también. Es imprescindible aprender de los países más desarrollados y escuchar sus observaciones. Fundamentalmente, es imprescindible frente a los cambios, hacerse cargo y ejecutar acciones. Este es el espíritu de las discusiones en la OIT en estos días y es también lo que esperamos que suceda en Argentina.



