Nuevamente las reservas, el dólar y -en la última semana, a causa de rumores sobre un corralito- los depósitos en dólares en el sistema bancario estuvieron bajo la mira de lxs especialistas. Con la ansiedad que invoca la negociación con el Fondo Monetario Internacional, que hasta el viernes arrojaba señales de entendimiento, se especuló sobre la posibilidad de una devaluación cambiaria que "sincere" la presión del mercado sobre la divisa. Esa presión de hecho se enfrenta con un nivel de tipo de cambio deseable políticamente, que reconoce que toda devaluación es fuertemente regresiva y por ende antipopular.
En la semana se reflotó el fantasma de la devaluación de enero de 2014 cuando Axel Kicillof era ministro, la primera devaluación brusca desde la salida de la Convertibilidad: 24% había aumentado el dólar tras el corralito y subió 12% doce años después. En 2014 el cepo a la remisión de utilidades y ciertos gastos en turismo habían vuelto a generar mercados paralelos. La siguiente devaluación brusca fue con la llegada de Macri a la presidencia: el dólar saltó 20% en enero de 2016 tras "liberar" las operaciones. El mercado puede y tuerce la política económica. También el FMI. Hubieron tres meses con devaluación promedio del 20% en 2018 y otra devaluación brusca en agosto de 2019: el dólar subió 24%, como a la salida de la Convertibilidad.
Entonces si bien lxs analistas se enfadan con el cepo y la historia argentina de devaluaciones inexorables, debemos sincerar que cuando la política levanta las regulaciones a las operaciones cambiarias el mercado se vuelve más inestable y las crisis cambiarias más recurrentes. No es el cepo el mal de todos los males.
¿Qué pasaba con las reservas entonces y qué pasa ahora? Como todo el sistema bancario y financiero estaba dolarizado cuando el FMI dejó de prestarnos dinero (blindajes y mega canje) la Convertibilidad estalló y vivimos historias crudas. Previo a enero de 2014, durante todo 2013 las reservas del BCRA se contraían continuadamente, las restricciones a la compra de dólares se perfeccionaban sobre la marcha, nacía el dólar blue. El ritmo de caída fue de USD -1.000 millones mensuales promedio (una enormidad al tipo de cambio de entonces). El ritmo de caída de las reservas entre 2018 y 2019 fue de USD -500 millones mensuales promedio: y esto porque en esos dos años entraron nada menos que USD 40.000 millones de dólares frescos por asistencia del FMI (un monto similar al stock de reservas brutas actual). Un papelón.
Entre enero y noviembre de 2021 las reservas crecieron en USD 200 millones promedio por mes, pero el último mes se picó. De todos modos hablamos de un mes y no de un año entero de pérdidas de reservas. En noviembre las ventas netas fueron la norma (en parte porque es un mes con baja estacionalidad en la entrada de divisas) al tiempo que se aceleró el ritmo de devaluación del dólar oficial (prácticamente se duplicó): ambas dinámicas eran previsibles. En paralelo volvió a crecer la brecha cambiaria, que había permanecido estable a lo largo del año: se despegó la brecha en tanto se "liberó" el mercado de los dólares financieros, a comienzos de mes y por recomendación del Fondo. Esto presiona a la devaluación del dólar oficial.
La incertidumbre y ansiedad que provoca la negociación con el Fondo no ayuda. Vimos una fuerte volatilidad en los mercados esta semana que tampoco contribuye a la estabilidad cambiaria, por más que avistemos un 2022 cercano y con buena cosecha, la pulseada se está dando hoy con relativa escasez. Hay que pasar diciembre.



