Estamos cerca de celebrar el nacimiento de Jesús, pero no debemos olvidar que el propósito principal de Dios Padre al enviar a Jesús a nacer en esta tierra, fue el darse en sacrificio en favor nuestro, con derramamiento de sangre, para recibir nosotros, el perdón de nuestros pecados.
La agonía mental resultante de la lucha de Jesús contra la tentación en Getsemaní, lo empujó a una experiencia emocional extrema e indecible, haciendo que sus poros exudaran grandes gotas de sangre que caían a tierra.
(Lucas 22: 42-44) "dijo Jesús: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra".
Esto demuestra el tremendo peso del pecado que fue capaz de agobiar a nuestro Salvador, al punto de sudar "gotas de sangre".
Jesús derramó su sangre luego también, cuando fue flagelado todo su cuerpo a manos de los romanos y al ser crucificado, lastimando su costado, su cabeza, sus manos y sus pies. Por medio de esta sangre derramada, Jesús te otorga a ti y a mí, la salvación. Solo si aceptas ese sacrificio en favor tuyo, reconociendo tus pecados, arrepintiéndote de ellos, y pidiéndole el perdón al Padre, en el nombre de Jesús. Lo único que puede lavar y cubrir tus pecados es la sangre de Jesús.
La agonía de Cristo, que lo hizo derramar su sangre, es una imagen que nos refleja la plenitud de la ofrenda que él hizo por la humanidad.
¿Somos capaces de realmente percibir cuán intensa debió de haber sido su lucha en Getsemaní? ¿Prestaremos atención a su voz? cuando nos diga: "la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no ha tenido que resistir hasta derramar su sangre" (Hebreos 12:4)
Contempla a Jesús, y su sacrificio, el gran sumo sacerdote de nuestra profesión de fe. Luego, ponte en marcha, para iniciar un camino nuevo, de la mano de Jesús, en vez de ceder otra vez, ante el gran tentador de nuestra alma y caer nuevamente en desobediencia a Dios, y así ceder nuevamente al pecado.
¿Quieres ser perdonado y tener otra oportunidad para empezar de nuevo?
Busca a Dios, contáctate con un cristiano y/o una iglesia que enseñe de Cristo y La Palabra de DIOS. "La Biblia". ¡No te arrepentirás!
¡Dios te bendiga! ¡Hasta la próxima semana! Emilio Camucce
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