La primera vez que escuché hablar de la "Niña Costa" fue en el año 1990 cuando me mudé desde Adrogué a la ciudad de Campana y en su primera visita a mi hogar, una tía hizo referencia a un recuerdo de su niñez.
En esa ocasión, y con mucha emoción, Laura Santamarina relató que allá por 1932, a los siete años de edad y tras haber padecido serios problemas bronquiales, sus padres la habían enviado a Campana para poder respirar "aire puro" y recuperarse después de haber recibido mucha medicación. Pasó así todo el período estival en la casa de unos familiares lejanos, la familia Álvarez, que vivían en Dellepiane y Berutti.
Con alegría contó que pudo conocer a la "Niña Costa", recordando específicamente que durante la época de carnavales había asistido a la mansión de la familia fundadora, yendo con un grupo de vecinitos del barrio donde se estaba alojando, bajando por la calle Alem y subiendo con sus franciscanas de cuero por la empedrada cuesta del Tigre.
Todos los niños disfrazados, se acercaban a la casa para mostrarles sus atuendos a la hija menor de la familia Costa, quién los había esperado en un patio con glicinas y los había convidado con naranjada y galletitas.
En mi mente, y sin saber la edad de esta mujer, la imagen que me había creado era similar a la del cuadro "Las meninas" de Velázquez; la dueña de casa como figura central y un grupo de niños entreteniéndola.
Cuando empecé a conocer la historia de la familia Costa, esta imagen persistió, ya que seguí leyendo o escuchando que era común que los niños asistieran a la casa para saludar a Sofía Lina Costa, tal su verdadero nombre.
A decir verdad, nunca me interesé demasiado por conocer su biografía hasta que empecé a leer las publicaciones del grupo "A toda Costa", relacionando los distintos sucesos narrados con el que yo conocía.
Sin embargo, lo que hoy me lleva a escribir esta experiencia personal surgió recientemente, cuando el sábado 4 de diciembre, el profesor Luis Julio Salom presentó su último libro en Los Cardales; una semblanza de quién fuera obstetra en Capilla del Señor, la campanense Josefina Izarra de Sarlinga.
Para mi sorpresa, durante la exposición se hizo mención sobre el vínculo que unía a los Costa con la familia de la partera y precisamente, la influencia que habría tenido Sofía para que Josefina Izarra hubiese ido a estudiar a la Universidad de Buenos Aires.
Transcribo la descripción que se hace en el texto de Salom (2021): "El recuerdo particular de doña Josefina se debía a que su madre había trabajado con ellos durante años. En particular…su admiración y afecto por la "Niña Costa" que era la hermana menor y soltera de la familia…"
Asimismo, Salom relata que la obstetra mencionaba "el ambiente señorial de la vieja casona que tenían sobre la barranca del Río Paraná y que la "Niña" volvía siempre a Campana después de sus viajes por Europa, casi siempre acompañada por su madre Lina Echenagucia Miguenz…"
Particularmente, lo que más me llamó la atención es que, "Doña Josefina contaba con admiración el trato tan amable que esta mujer, acostumbrada a frecuentar otro ambiente social, tenía para los empleados de la casa…" y que inclusive les habría permitido que la tuteasen. También se menciona que en varias ocasiones Doña Sofía habría ido en un automóvil conducido por su chofer particular, a visitar la maternidad de la señora de Sarlinga en Capilla del Señor.
Y el hecho más relevante, es que los consejos de Sofía Costa habrían posibilitado que "…la joven Josefina se hiciera a la idea de continuar sus estudios de obstetra ni bien pudiera. Este trato frecuente generó entre ellas una gran amistad que se prolongó durante muchos años" .Ahora la "Niña Costa" había sido, tras la lectura, la imagen de la niña con miriñaque se derrumbó para dar lugar a la de una mujer, no solo más contemporánea sino también menos mítica.
De esta manera, descubrí que cuando Laura había ido con su disfraz a conocerla, la había recibido una señora de 57 años y no una niña.
Y, quizás el hecho más revelador es que se trataba de una mujer muy particular teniendo en cuenta la clase social a la que pertenecía y en la época en la que vivió, quedando demostrada su extraordinaria sensibilidad, con la que se habría acercado a sus empleados y habría mantenido un fuerte vínculo colaborativo y de acompañamiento.
Entonces, la "Niña Costa" lejos de esperar que fueran a divertirla, seguramente recibía a sus vecinos con mucha humildad y con un gran don de gente…muy "de carne y hueso".
Salom. L.J. (2021) Manos para recibir la vida. p.p 14-15. Escobar: Maxbrod
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