La interminable duración de las negociaciones del gobierno con el FMI por el acuerdo que permita mayores plazos para el pago de tan cuantiosa deuda tomada por el anterior gobierno muestra que las concesiones que el Fondo está dispuesto a hacer son mucho menores a las que se suponía podíamos conseguir.
Tampoco en este tema funcionó el tratar de convencerlos con las razones que el gobierno esgrimió y no se pudo lograr rebajas de lo adeudado ni menores tasas de interés pese al apoyo moral por parte de numerosos presidentes y líderes de todo el mundo que como era de esperar no fue de mucha utilidad en las negociaciones.
Lo cierto es que el FMI es el mismo de siempre porque cambia de gerente pero no de mandamás que como sabemos tiene intereses pero no amigos.
En realidad estas negociaciones son contratos de adhesión donde quién impone las condiciones es el Fondo y el gobierno lo debe aceptar o rechazar pero no puede imponer modificaciones, sólo lo puede sugerir y tratar que el FMI lo acepte si quiere.
Más allá de algunas cuestiones puntuales el mayor problema es que el FMI está ideológicamente alineado con las políticas económicas neoliberales y por lo tanto las imponen a sus deudores.
Nuestra población ya conoció lo nefasto que resultaron los 22 planes del Fondo que se aplicaron en nuestro país en el pasado con consecuencias catastróficas para las grandes mayorías y difícilmente ahora sea diferente si tenemos en cuenta que se trata del menos malo de los acuerdos posibles.
Se hace hincapié en que este acuerdo no impedirá que la economía crezca y eso es bueno pero hay algo mucho más urgente que resolver que es la intolerable cantidad de ciudadanos que están por debajo de la línea de pobreza y demasiados incluso por debajo de la línea de indigencia.
Estos hermanos nuestros no pueden esperar a que haya crecimiento para mejorar aunque sea en algo su actual situación desesperante y esto se puede lograr sin esperar a crecer si verdaderamente el gobierno se decide de una buena vez a achicar la brecha insoportable entre los más ricos y los más pobres, tal como lo viene prometiendo desde que asumió y que no alcanza con hacerlo en cuentagotas.
Cuando Mauricio Macri dice que él tardaría 5 minutos en sellar un acuerdo en lugar de los dos años que le llevó al actual gobierno se debe a que lo que propone el FMI y lo que pretende el macrismo es lo mismo y por lo tanto no habría nada que discutir.
Recordemos el poquísimo tiempo que tardó en ponerse de acuerdo con los fondos buitres ante el Juez Thomas Griesa al comienzo de su mandato, cuando nuestro país aceptó absolutamente todo lo que le pidieron.
¿Por qué con el Fondo actuarían distinto si además coinciden en que hay que ajustar el gasto social, bajarles los impuestos a los más ricos y vender todo lo que se pueda cómo lo está haciendo Horacio Rodríguez Larreta en CABA?
No debemos olvidar que toda paciencia tiene un límite y cuando se pasa de ese límite nos escandalizamos con las consecuencias, sobre todo que los más postergados son el sector que el gobierno dice que son los primeros pero sin embargo siguen esperando desde hace más de dos años a que esa promesa se haga realidad.
Como cantaba la siempre vigente Violeta Parra en su tema Mazúrquica modérnica: "Cuando la guática pide comídica / Pone al cristiánico firme y guerrérico / Por sus poróticos y sus cebóllicas / No hay regimiéntico que los deténguica / Si tienen hámbrica los populáricos".
Después no vale pido gancho.



