Parecía que solo el acuerdo con el FMI podía captar la atención de la opinión pública. A esto se sumó, desde el punto de vista económico, el análisis sobre el potencial impacto del enfrentamiento entre Rusia y Ucrania en nuestro país. Se dijo que el alza del precio de las commodities sería pasajero y duradero. Aún no se sabe pero la tendencia (fogueada por la pospandemia y varias sequías) ya era alcista, de modo que esta semana el petróleo y por otro lado la soja, el trigo y el maíz, y el oro marcaron subas que los llevaron a máximos históricos.
Rusia es el segundo exportador mundial de petróleo y gas detrás de Arabia Saudita y concentra alrededor del 34% del abastecimiento de energía a toda Europa, lo cual explica en buena medida el carácter "testimonial" de las declaraciones públicas de los líderes del viejo continente antes el conflicto. En las bolsas, el petróleo tocó su máximo valor en 8 años para cerrar la semana en USD 100 el barril. Las implicancias para nuestro país no demoraron: se trabó el acuerdo con el Fondo respecto del monto de los subsidios energéticos, que deberían subir conforme los mayores costos. Las importaciones energéticas rosaron los USD 6.000 millones, con aumentos de precios del 44% promedio sin crisis en Europa del Este.
También subió el precio de los granos. El trigo cerró el viernes en USD 342 la tonelada, un máximo desde 2012 que no llegará a impactar en el valor de nuestras exportaciones dado que el grueso de la cosecha -que se realiza en diciembre- ya acordó los precios para el despacho. Rusia es el principal exportador mundial de trigo; explica el 20% de las ventas totales, seguido por la Unión Europea con 15%, Canadá 14%, Estados Unidos 13% y Australia 10% y en sexto lugar Ucrania. La soja cerró la semana en USD 610 la tonelada, otro récord en una década. Para nuestra economía esto significa que se reducirán las pérdidas por una mala cosecha a causa de las sequías que afectaron especialmente al centro del país. De igual modo se compensarán las pérdidas en la cosecha de maíz, que no obstante es de las mayores en términos históricos.
En cuanto al oro, como es el activo financiero más seguro (junto con los bonos del Tesoro norteamericano), su cotización aumenta de manera contra-cíclica. Pero además Rusia es el tercer productor global, detrás de Australia y China. Otras commodities como níquel, titanio, aluminio y acero son exportadas por la Federación.
Rusia tiene superávit comercial de bienes, sus exportaciones casi duplican las importaciones pero tiene un perfil exportador fuertemente primarizado. Su principal socio comercial es China; seguido por Holanda, Bielorrusia, Alemania e Italia. Rusia importa medicamentos, autos, aparatos de telecomunición y otros vehículos también desde aquellos socios comerciales. En cuanto a la balanza de servicios son deficitarios, mayormente debido al turismo internacional y, en segundo lugar, por las importaciones de servicios profesionales y técnicos. Algo similar (aunque con otros volúmenes) a lo que ocurre en Argentina.
El Banco Central de la Federación Rusa posee USD 630.000 millones en reservas; es el cuarto país del mundo con mayor stock a nivel internacional. China es el primero con USD 3 billones, Japón (USD 1,2 billones) y Suiza (USD 800.000 millones) ocupan el segundo y tercer lugar respectivamente.
La inflación y el desempleo se encuentran en mínimos históricos. La primera fue del 6% en 2021 y la segunda del 5% de la población activa en el mismo año. Rusia sufrió dos fuertes crisis cambiarias: a fines de los años noventa, con la salida del liberal presidente Yeltsin y tras el contagio de la crisis financiera de Asia, y luego durante todo 2015 a consecuencia de la anexión de Crimea y la incertidumbre política y financiera. Tras este último episodio el Rublo se devaluó cerca de un 80%. La estabilidad monetaria y financiera que consiguió posteriormente Rusia son envidiables. Esta semana el Rublo se devaluó 11,7% (movimiento que fue celebrado en las redes por el presidente norteamericano), pasó de USD 76 a USD 84,9. Resta por verse cuánto se prolongará la incertidumbre en la región a raíz de los últimos acontecimientos.



