No todos saben que, si no hacemos las paces con Dios estamos condenados. Así dice La Biblia: (Rom. 3:23) "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios"
A Jesús lo crucificaron junto a dos malhechores, pero uno se salvó, de la condenación, fue salvo, el que creyó, el otro no, quedó condenado.
El 1ro reconoció su condición, y admitió que padecía por su propia culpa, y buscó el perdón en quien debía buscarlo: En Jesús.
Este ladrón, no obtuvo el perdón de Dios por la inmensidad de su tristeza, sino por la magnitud y completa obra de Cristo, para perdón de sus pecados.
El no pudo bajar de la cruz, ni ir a la iglesia, ni bautizarse ... Sin embargo, Jesús le dijo… "hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43).
Si el malhechor hubiera sobrevivido, no hubiera sido el mismo de antes, porque Dios cambia al hombre, desde adentro hacia afuera.
La obra de Cristo primero salva, luego continúa el cambio, creciendo, haciendo todo lo demás. "A Dios le agradó librar mi vida del hoyo de corrupción, porque echó tras sus espaldas todos mis pecados" (Isaías 38:17).
Ningún cargo de conciencia, por más grande que sea, puede limpiar el pecado. La culpa puede alejarlo del pecado, pero no puede acercarlo a Dios.
El apóstol Pablo dijo: ".... con toda buena conciencia he venido delante de Dios hasta el día de hoy" (Hechos 23:1).
Vivir en paz con la conciencia, es importante para vivir, pero no indispensable para morir. Si aún no estás en paz con Dios, no esperes morir con la paz de Dios, ni vivir eternamente con Dios. "Las cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder" (2da Tesalonicenses 1:9).
Ninguno sabe cuándo la muerte llegará a su vida, tampoco sabe dónde le hallará, ni como le llegará, por lo tanto, si no sabe cuándo, ni dónde, ni cómo, quiere decir que finalmente la muerte lo sorprenderá.
No espere a mañana para reconciliarse con Dios, puede que el mañana nunca llegue. ".... He aquí el tiempo aceptable, he aquí ahora el día de salvación" (2da Corintios 6.2). … "Si oyes hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Hebreos 4:7).
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¡Dios te bendiga! ¡Hasta la próxima semana!
Emilio Camucce
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