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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/mar/2022 de La Auténtica Defensa.

Padre Rufino:
Estériles o prolíficos




La conversión no supone prácticas y conductas aparentemente correctas pero vacías de contenido, sino más bien poner en juego la voluntad de ser fieles a nuestra esencia.

En este tercer domingo de Cuaresma, corresponde la lectura del Evangelio según San Lucas, versículos del 1 al 9: "Por aquel mismo tiempo se presentaron unos a Jesús y le hablaron de aquellos galileos a quienes Pilato había hecho matar cuando ofrecían el sacrificio, mezclando así su sangre con la de los animales sacrificados. 2 Jesús dijo: — ¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron tal suerte porque fueran más pecadores que los demás galileos? 3 Pues yo les digo que no. Y añadiré que, si no se convierten, todos ustedes perecerán igualmente. 4 ¿O creen que aquellos dieciocho que murieron al derrumbarse la torre de Siloé eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Pues yo les digo que no. Y añadiré que, si no se convierten, todos ustedes perecerán de forma semejante. 6 Jesús les contó entonces esta parábola: — Un hombre había plantado una higuera en su viña; pero cuando fue a buscar higos en ella, no encontró ninguno. 7 Entonces dijo al que cuidaba la viña: "Ya hace tres años que vengo en busca de higos a esta higuera, y nunca los encuentro. Así que córtala, para que no ocupe terreno inútilmente". 8 Pero el viñador le contestó: "Señor, déjala un año más. Cavaré la tierra alrededor de ella y le echaré abono. 9 Puede ser que después dé fruto; y si no lo da, entonces la cortas".

"La conversión, el arrepentimiento genuino –dice el Padre Rufino Giménez Fines- es la llave de la iluminación interior. Jesús nos invita a cada uno a que reflexionemos sobre nuestra situación como cristianos. La Fe es transformadora y supone, inevitablemente, un cambio. Todos los textos bíblicos que hablan de conversión, se refieren a la comunidad que cree. No le habla a los paganos e incrédulos. La principal resistencia al cambio radica en suponer que uno no necesita iluminación, naturalizamos el mal y el egoísmo que anida en nosotros, no le damos importancia o directamente lo negamos. Andamos como ciegos, no queremos ver ni reconocer nuestra necesidad de cambio mientras transitamos una tramposa autosuficiencia que, en realidad, nos hace más y más vulnerables. El primer paso para la conversión es darnos cuenta y proponernos cambiar. No tengo dudas de que el orgullo espiritual es el pecado más difícil de reconocer y vencer. En la carta "Novo millennio ineunte", Juan Pablo II nos dijo: ‘Reconocer los fracasos de ayer, es una acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las dificultades y las tentaciones de hoy". Por lo tanto, conversión es salir de un estado de pecado y es el acceso a un estado nuevo. La maldad, la hipocresía, la pereza, el mal trato a los débiles, la injusticia… ¿Cuánto daño hemos hecho a los demás y a nosotros mismos? No vivir en amor, es una ruptura con la Alianza. La invitación es a madurar espiritualmente, volver a Dios, reencontrarnos con el Padre, reconciliarnos con Dios y vivir en armonía… elegir entre la buena vida, y la vida buena, practicando la justicia. La conversión cristiana no debe identificarse con la autoflagelación o la tortura moral, con la represión, con el miedo, o el moralismo… esas son formas enfermizas y vacías de contenido. Cuando uno le da espacio a la luz, no hay espacio para la oscuridad. Porque la conversión genuina nos lleva naturalmente hacia Dios. Jesús anuncia la Buena Noticia, que apunta a un estado de gracia, de renovación gozosa, de plenitud de vida.

La parábola de la higuera estéril es para pensar. Dios quiere que toda la humanidad se salve. Pero espera nuestra colaboración para que así sea. La pasión y muerte de Jesús que dio lugar a nuestra redención, es inútil si no ponemos nuestra voluntad en juego. Dios no suple lo que no hacemos por pereza o desinterés. Es distinta la responsabilidad de aquellos quienes no han oído hablar de Cristo y no conocen a Dios. Sin embargo, también es cierto que la tecnología disponible hoy en día hace al mundo cada vez más pequeño y la información está cada vez más disponible, en múltiples soportes y formas… Dios sabrá calibrar el grado de responsabilidad de cada uno. La Palabra de este domingo es clara: Dios espera de nosotros buenos frutos. De no ser así, nos harán leña y al fuego eterno. Estimados: mientras sigamos transitando este plano terrenal, estaremos siempre a tiempo de rectificar y convertirnos. Hoy, estas palabras pretenden ser como las manos del viñador, que intentan abrir la tierra, poner abono, regar con la esperanza de que reaccionen y fructifiquen. Dediquemos tiempo a lo más importante: nuestra vida espiritual, en proyección comunitaria, compartiendo nuestros frutos: nada hay más grato que hacer el bien al otro. Vivir de una manera estéril, mirándonos el ombligo, nos deja afuera del proceso creador de Dios, transitando la vida como espectadores pasivos, sin entender el misterio de la vida, negando en nosotros lo que nos asemeja al Creador: el amor. Criar a un hijo, construir una familia, cuidar a nuestros padres ancianos, cultivar una amistad, o acompañar a una persona necesitada no son cargas si uno vive en estado de gracia, es decir, en amor", concluye el sacerdote Rogacionista.



 
P U B L I C I D A D






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