Zaratustra volvió a continuación a las montañas y a la soledad de su caverna y se apartó de los hombres: aguardando como un sembrador que ha lanzado su semilla.
Mas su alma se llenó de impaciencia y de deseos de aquellos a quienes amaba: pues aún tenía muchas cosas que darles. Esto es, en efecto, lo más difícil, el cerrar por amor la mano abierta y el conservar el pudor al hacer regalos.
Así transcurrieron para el solitario meses y años; mas su sabiduría crecía y le causaba dolores por su abundancia. Una mañana se despertó antes de la aurora, estuvo meditando largo tiempo en su lecho y dijo por fin a su corazón: "¿De qué me he asustado tanto en mis sueños, que me he despertado? ¿No se acercó a mí un niño que llevaba un espejo?"
"Oh Zaratustra - me dijo el niño -, ¡mírate en el espejo!" Y al mirar yo al espejo lancé un grito, y mi corazón quedó aterrado: pues no era a mí a quien veía en él, sino la mueca y la risa burlona de un demonio.
(Zaratustra**, Nietzsche)
** Zoroastro, también conocido como Zaratustra, predicó una nueva religión basada en los espíritus de la verdad, la justicia, el orden, la docilidad, la vitalidad y la inmortalidad.
Claudio Valerio - @Valerius



