Hace unos días, precisamente el 31 de Marzo, tuve la oportunidad de presentar y explicar una ponencia en el Salón Blanco de HCD.
La intención era hablar de La Mujer y los discursos sociales misóginos, pero después de hacerlo y, ya sobre el final, quise explicar "Mi tesis de la mujer violada".
Fue un momento terrible hablar de mi vida y de "mi violación", pude ver las caras realmente conmocionadas y entendí cuanta falta hace poder poner en palabras lo que tantas personas, víctimas de violación, no pueden.
Primero expliqué la química del cerebro a la hora de escuchar el relato de una víctima y de la enorme importancia que tiene poder activar o estimular la vía dopaminérgica antes de que ella comience su narración (un chocolate es suficiente) y lo difícil que resulta para el oyente lograr esa escucha sin que se active el sistema instintivo de supervivencia, donde las neuronas espejo toman ese relato como propio y al empatizar se enciendan las alarmas de posible amenaza a esa supervivencia.
Parece difícil de entender pero, en palabra sencilla, significa que cuando oímos un crudo relato, ya sea de violación o de muerte, nuestro cerebro instintivo y nuestro cerebro emocional encienden alarmas rojas y alguno de nuestros parámetros vitales que regulan el mantenimiento y el equilibrio (temperatura corporal y sudoración, presión arterial, oxigenación, glucosa) pueden verse modificados y como consecuencia y reacción, presentar un posible malestar que hace que no terminemos de oír con atención y objetividad el relato de la víctima que tenemos adelante.
Por ese motivo es tan importante, tanto para quien habla como para quien oye, estar preparados para que exista atención plena y sobre todo amor.
Los dos, tanto quien emite como quien recepciona, son igual de importantes y necesarios al momento del acontecimiento. Es extremadamente difícil hablar de violación sin que el cerebro instintivo despierte reacción y en consecuencia actúe.
Cuando yo narraba que fui violada en grupo y que dos de los tres atacantes me precintaron las muñecas para poder atacarme tranquilos sin que yo pudiera defenderme, sentía que esos golpes estaban en mí y en quien oía mi relato, por eso cada vez que cuento tamaña atrocidad trato de percibir si mi interlocutor está preparado para oír lo que sigue o debo detenerme.
No todo el mundo está preparado para oír. Algunos elijen no escuchar. Contar es sanar, sin lugar a dudas, y las víctimas lo contamos cuando estamos preparadas, cuando podemos, cuando estamos fuertes para poner en palabras, cuando sabemos que si nos preguntan: "¿Vos lo provocaste? ¿Vestías una minifalda? ¿Andabas sola a esa hora? ¿Tomaste alcohol?", podremos afrontar las respuestas sin necesidad de vomitar.
La violación NO EXPIRA, por eso para nosotres un día o veintiocho años es lo mismo a la hora de sacarlo afuera. No importa el cuándo, sino el poder hacerlo. Me llevó muchos años, muchas carreras, muchas lecturas y muchas entrevistas poder entender el cerebro y la mente del violador. Aún así no justifico un solo ápice de su accionar. Llegada esta instancia solo elijo quedarme con el cerebro y la mente de la víctima y poder ayudar.
Para concluir me quedan muchos temas a la hora de abordar esta temática, como lo son la definición y enmarcación del delito dentro de campo jurídico, diferencia entre sexo y dominación a la hora de atacar a la víctima. Creo que nos hace mucha falta como sociedad que se inicia en poder comprender la "perspectiva de género", poder hablar de la "Cultura de la violación".
Tema imperante en todos los discursos sociales como letras de canciones, guiones de películas de cine y hasta discursos en estrados académicos como el caso de Cordera, que dijo que para que una mujer tenga sexo a veces hay que violarla".
Ninguna cultura se suicida" dice Hannah Arendt. Por eso es imperioso y real actuar sobre ella e iniciar el camino de la desobediencia epistemológica y desconocerla. De eso se trata, de generar espacios de diálogo y de reflexión que ayuden a decirles a quienes no pueden hablar que acá estamos, que sí les creemos, que pueden hacer muchas cosas en pos de alivianar la carga. Pero sobre todo poder decirles y decirnos que acá estamos para darnos un fuerte abrazo librerador, emancipador y sobre todo verdadero.
Lic. María Lorena Barrera - Magister en Educación. Maestranda en Estudios de las Mujeres y Género Instagram: Lorena.barrera.1 - Face: Lorena Barrera



