Alimentos, cáscaras, huesos y grasas, entre otros, se aprovechan para producir electricidad como la Central San Miguel, una de las Plantas de Generación de Energía Eléctrica a partir de Biogás que tiene CEAMSE.
Muchos de nuestros desechos son orgánicos, es decir, provienen de elementos que tuvieron vida. Algunos se pueden aprovechar para producir compost en nuestros hogares, como restos y cáscaras de frutas y verduras, café, té, yerba, hojas secas, cortes de pasto, pequeños restos de poda y flores marchitas. Otros se someten al proceso de bioestabilizado. Pero una gran cantidad, se dispone en relleno sanitario.
Esto ocasiona que la descomposición de la materia orgánica en el relleno sea anaeróbica, es decir, sin presencia de oxígeno. Naturalmente, cuando esto ocurre, esa descomposición genera gases como Dióxido de Carbono, Metano, y una muy pequeña proporción de otros. A esta mezcla, se la denomina Biogás (justamente porque se produce por la descomposición de materia orgánica), y debido a su composición, puede utilizarse como combustible.
Para poder extraer el gas del interior de los módulos de relleno, se realizan pozos de captación (para este caso, 270). Allí se colocan caños con perforaciones para que por ellas ingrese el gas, que se comprime y se envía hacia la planta de tratamiento mediante un sistema de cañerías para su ingreso por un único punto troncal.
Una vez depurado, el gas alimenta seis motores de combustión interna que generan entre todos 10 Megawatts de electricidad.
La valorización energética del biogás que realiza CEAMSE tiene el doble beneficio ambiental de utilizar una fuente de energía limpia y renovable, y disminuir las emisiones de gases generadores de efecto invernadero, responsables del cambio climático. El funcionamiento de estas plantas evita que se liberen a la atmósfera 1,5 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono (CO2).



