Soy meticuloso: Antes de salir tengo ciertos rituales para no olvidarme de nada y poder irme con la mente fresca. Son muchas cosas que tengo que llevar y varias cuestiones que atender en un solo día. El orden, de alguna manera, me salva.
Al levantarme, me preparé un mate, como todos los días, pero la bombilla estaba tapada. Generalmente es cuando queda puro polvo al final del paquete de yerba. Estaba apurado y no tenía tiempo para ocuparme por una bombilla tapada. Entonces improvisé un café, bien rápido, casi sin batir. Salió bastante bien, pero me sacó de mi rutina. Ahora tenía que pensar dos veces todo y no olvidarme de nada con un costo de energía mayor al habitual.
En realidad tendría que haber cerrado la ventana, por si llovía. Pero no es algo importante, solo está un poco nublado. Me desordenó tomar un simple cafecito y recordé cuando en la casa de la Nona se cayó un globo.
Era habitual en los cumpleaños colgar globos y guirnaldas en las paredes que le daban buen aspecto a la fiesta. Junto con la música y la gente, se lograba un ambiente agradable. Los globos se repartían después de soplar las velitas u otras veces al final para que cada uno se lo lleve a su casa.
Había días que venía mucha gente y más si eran días de invierno, adentro casi no se podía andar. Si un tío quería ir al baño, tenía que sortear varias sillas y hacer que se levanten varios invitados. Estábamos realmente amuchados.
Entre ese gentío de repente se cae un globo y se desprende un extremo de una guirnalda y el suertudo que estaba cerca lo agarró para sí. Los otros querían también uno y se abalanzaron hacia él. "Es mío" les dijo, y lo abrazó, intentando frenar a los otros. "Después, después" decían las tías para calmar el pedido, pero era en vano: Aparecieron los llantos.
Los tíos tuvieron que desprender los globos que estaban en sus espaldas, y al hacerlo se cayó el cartel de feliz cumpleaños. Además se repartieron antes de la torta las bolsas de sorpresitas porque no había globos para todos. Los tíos para calmar la revuelta de globos simulaban una explosión infortunada.
De no creer: En insignificantes cosas se sostiene la realidad, un pedazo de cinta o una bombilla bien permeable.



