Según la OMS, uno de cada 100 fallecimientos a nivel global es por causa de un suicidio. Así lo mostró la publicación "Suicide worldwide 2019" en el que se explicita que durante ese año se registraron a nivel mundial cerca de 700.000 muertes autoprovocadas.
El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 20 a 24 años en las Américas. Las personas de 45 a 59 años tienen la tasa de suicidio más alta de la región, seguidas por las de 70 años o más. A su vez, alrededor del 79% de las muertes autoprovocadas en Latinoamérica ocurren en hombres (cifra tres veces mayor a la de las mujeres).
Desde la OPS enfatizan en que "acercarse a los seres queridos por su salud mental y su bienestar podría salvarles la vida".
"Es de suma importancia que se preste atención a las alarmas que brindan las personas que han pasado un mal momento, los que tienen problemas económicos, pérdida de seres queridos, pérdida de empleo, etc. Escuchar, acompañar y contener es fundamental en este contexto" explica la Dra. Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC.
Desde OSPEDYC señalan cuáles son los factores de riesgo, aunque siempre relativos, pero que influyen de diferente manera según el contexto vital de cada individuo: Historial de intentos de suicidios previos, trastornos psiquiátricos, depresión, estado civil, debido a que los estudios detectan mayor incidencia de suicidios en personas solteras con escaso vínculo social.
Consumo de drogas o alcohol.
Centrarse en la prevención del suicidio es primordial para crear vínculos sociales y promover la toma de conciencia.
"El acercamiento a los seres queridos, planear objetivos y metas a corto y mediano plazo que mejoren el estado anímico y eviten o alivien la depresión, podrían salvar vidas. Demostrar un interés genuino por sus problemas, preguntar cómo se encuentra y los sentimientos es la base del sostén social y familiar que se necesita", explica la especialista médica.
Además, un paso primordial es no dudar en recurrir a personas capacitadas en la temática. Existen líneas telefónicas de ayuda y contención ante ideas de autoagresión para poder acceder rápidamente a los programas de asistencia que resultan imprescindibles ante la detección precoz de signos de alarma.
Se debe entender que la consulta profesional tiene un propósito terapéutico, pero esta no reemplaza a los vínculos afectivos o de cercanía que son esenciales para el proceso hacia una salud mental y física alineadas.



